sábado, 30 de mayo de 2020

Sonrisas en tiempo de pandemia



Iniciativa #sonrisavirus de Payasos Sin Fronteras / PSF


Beatriz Martínez
Orientadora en el Teléfono de la Esperanza

Nos ha sorprendido una pandemia mundial, nunca antes vivida. Con ella llegaron emociones desconocidas, situaciones complicadas, malas noticias. Llegó el COVID 19 y llegó para quedarse.
Nos llegó el confinamiento interior y muchos perdimos la sonrisa.
La perdimos por el miedo, por la preocupación, por la misma enfermedad y sus consecuencias. Después, si alguna quedaba tuvimos que taparla y así andamos…extrañando sonrisas.
Parece que este maldito virus nos ha restringido el poder de la sonrisa y por si fuera poco nos obliga a taparla, en aras de un bonito gesto solidario de protegernos y proteger.
¡Cuántas sonrisas nos vamos a perder, cuántas vamos a dejar de ofrecer!
Pero no nos rindamos. Siempre hay esperanza. Cuando lo hemos dado todo por perdido, cuando nos hundimos, nos desesperamos, cuando nos inunda la pena, la tristeza, el dolor, la preocupación; llega alguien y nos regala una sonrisa, o nos la arranca. Y es entonces cuando sentimos que nos salvan la vida.
La sonrisa alivia tensiones, libera y se contagia. Sí, se contagia también. Con ella hablamos a los demás, les invitamos a entrar en nosotros y nos abrimos paso para entrar en ellos. Con la sonrisa decimos muchas cosas, pero también las escuchamos.
Existen muchos tipos de sonrisa que curiosamente han sido objeto de estudios. Me ha llamado la atención una, la sonrisa de Duchenne, descrita a mediados del siglo XIX por un médico neurólogo del que lleva su nombre.
“Se considera la sonrisa más genuina y espontánea, involucra la contracción de los músculos cigomático mayor y menor cerca de la boca, los cuales elevan la comisura de los labios y el músculo orbicular cerca de los ojos, cuya contracción eleva las mejillas y produce arrugas alrededor de los ojos”. (1)
Se trata de una sonrisa sincera, de verdad, fruto de una emoción auténtica, una sonrisa que nace del interior y que no sólo involucra a los músculos de la boca o los labios, sino que involucra también a los músculos que rodean a los ojos. Es esa sonrisa que seríamos capaz de detectar y sentir, aun a pesar de la mascarilla.
Por eso, en la medida de lo posible sonriamos y no dejemos de buscarla dibujada más allá de los labios que no vemos. Vamos a buscarla en los ojos y leamos allí las emociones que transmite.
Pero afortunadamente hay más. Siempre hay esperanza. La voz también sonríe. La sonrisa también se escucha.
La sonrisa se percibe instantáneamente a través del teléfono. El orientador del Teléfono de la Esperanza que sonríe suena dispuesto, proactivo, agradable, acogedor, cálido. El interlocutor (nuestro llamante) interpreta la sonrisa y la acoge y es cuando, además de que él se siente acogido, nosotros notamos que la llamada fluye para ambos.
Son estrategias ligadas al mundo del telemarketing y muy estudiadas en el campo de la acción empresarial, cuánto más útiles resultaría llevarlas a nuestro día a día, donde hablamos de sentimientos, de emociones; cuánto más si llamante y orientador comparten entregados, en alma y corazón.
En plena pandemia no dejemos de sonreír. Y no olvidemos que la sonrisa se ve, se oye, se percibe, se siente…

(1) Duchenne Guillaume. (1990) “The Mechanism of Human Facial Expression” New York: Cambridge University Press (Reedición del trabajo original en francés del año 1862)

miércoles, 27 de mayo de 2020

El Teléfono de la Esperanza ha atendido 31.615 llamadas y 1.156 peticiones de apoyo profesional durante el estado de alarma




A veces pensamos que pedir ayuda es tanto como reconocer que no tenemos recursos para afrontar un problema. No es así.

Cuando pides ayuda eres tú el que inicia la acción. Pedir ayuda no te hace menos, te convierte en una persona de recursos.

Desde el 14 de marzo, 31.615 personas han llamado a alguno de nuestros teléfonos. La soledad, el aislamiento, la ansiedad, la tristeza, los conflictos de convivencia siguen siendo las dificultades que más nos trasladáis.

Las edades de las personas que han acudido a nosotros oscilan del siguiente modo:


0,91 % sois menores de 18 años
2,98 % tenéis entre 19 y 25 años
9,47 % entre 26 y 35 años
18,65 % de 36 a 45 años
25,49 % os encontráis entre los 46 y los 55 años
24,38 % tenéis entre 56 y 65 años
18,12 % sois personas de más de 66 años

Así es, en cualquier momento de la vida podemos necesitar ayuda, porque el sufrimiento psicológico es una experiencia universal en la condición humana.

Por último, 1.156 personas han solicitado además apoyo profesional por parte de psicólogos sanitarios, médicos o psiquiatras a través de www.compartevida.es A todos y todas los que habéis pedido ayuda nuestro reconocimiento por dar el paso e iniciar el proceso de apoyar un cambio.

A los que lo estáis pasándolo mal y estáis pensando solicitar ayuda… adelante. Sabemos que hay que armarse de valor para dar el paso y expresar abiertamente que tenemos dificultades, que sufrimos. El grupo de voluntarios y voluntarias del Teléfono de la Esperanza, va a estar cada día, los 365 días del año, las 24 horas del día, disponible para ti.


lunes, 25 de mayo de 2020

Tiempo para valorar lo que nos hace felices




Santiago Martínez
Psicólogo del Teléfono de la Esperanza


Es muy propio de nuestra época esperar que todo marche bien. Y cuando las cosas no salen como nosotros queremos, solemos quejarnos o lamentarnos; pero no aprendemos de lo que la vida nos está queriendo decir y muchas veces echamos a la culpa a los demás lo que generalmente no sirve para nada.
Siempre digo a las personas que atiendo: “escucha a tu cuerpo”. Lo que pasa es que la mayoría de las personas, debido a la prisa, no están acostumbradas a hacerlo.  Mi madre nos decía: “la vida es la mejor escuela. Tenéis que aprender de ella; si no lo hacéis, cometeréis siempre los mismos errores”.
Generalmente no sabemos aprender de las oportunidades que la misma nos ofrece. La vida está llena de oportunidades que muchas veces dejamos pasar, pues no tenemos el tiempo suficiente para pararnos a reflexionar qué nos está diciendo el cuerpo. Cierto que algunas lecciones son duras. Y lo que hacemos la mayoría de las veces es criticar. Ante la situación que estamos viviendo, ¿qué podemos hacer? ¿escuchar a nuestro cuerpo?
Y para mí, la respuesta es muy sencilla. Tan sencilla que parece de perogrullo: aprende de las oportunidades que la vida nos ofrece, incluso en los momentos difíciles
En los momentos difíciles solemos encontramos inquietos, alarmados, preocupados. Esta situación puede llegar a paralizarnos. Tenemos que aceptar que hasta que la situación vuelve a la normalidad, debemos de ser fieles a nuestro espíritu y ser portadores de esperanza; pero para conseguir esto, tenemos que empezar por uno. No se puede dar lo que no se tiene. Tengo que amar la vida, aunque a veces no sea fácil. Y en esos días, en los que parece que la empatía y simpatía me han abandonado, agradezco que haya personas que me amen, que me traten con amabilidad, dulzura, cariño. Me da fuerza para seguir amando. Y es que amor llama al amor. El amor alimenta al amor.
Yo he aprendido que vivir, es, sobre todo, amar. Y también se puede amar en los momentos difíciles
Y es que sentirse amado es estupendo:  arropa y calienta; pero amar es también, elevarse con el viento, iluminarse con el sol por dentro. Y, además, amar es dar. Alguien que lo sabía bien ya lo dijo: Hay más felicidad en dar que en recibir.
Amar es celebrar la vida. Celebrar la Vida es un acto que procede exactamente de lo más profundo del corazón. Es darse cuenta de que no estoy solo.
Celebrar la vida es levantar copas de esperanza, de gratitud, de exaltación a todo lo creado y por ende al Creador de todas las cosas.  Cuando Celebro, hago una fiesta en mi ser interior. Celebrar la Vida es conjugar el verbo pensando siempre en un nosotros. Somos seres sociales y lo peor que nos puede pasar es que nos sintamos solos.
Y todo esto depende en gran parte de mis pensamientos y de mi actitud ante la vida; ya que yo soy el único capaz de controlarlo.
Muchas veces nos hemos dicho: “no tengo tiempo”. Pero desde hace muchos días, lo que te sobra es  tiempo que te puede servir para hacer un alto en el camino y reflexionar si hay alguna cosa que te hubiera gustado cambiar. Es un tiempo muy importante para  valorar lo que de verdad nos está haciendo feliz. Un buen camino es diferenciar lo principal de lo secundario; de poner al día los “te quiero”, los “te necesito”, los “me haces bien”, los “perdóname”, los “te amo” ... es tiempo de formar puentes en nuestros corazones hasta el del otro, tiempo de tirar los lastres, tiempo de dejar cosas que parecen importantes pero que solo son urgentes, de darle prioridad a lo prioritario, y esto, siempre tiene que ver con el sentimiento, con el corazón y no con el deber.
La frase de Teresa de Calcuta en estos momentos nos puede ayudar a pensar:

La vida es belleza, admírala
La vida es un sueño, hazlo realidad
La vida es un reto, afróntala.
La vida es un deber, cúmplelo.
La vida es preciosa, cuídala.
La vida es amor, gózala.
La vida es un misterio, devélalo.
La vida es un combate, acéptalo.
La vida es una tragedia, domínala.
La vida es una aventura, afróntala.
La vida es felicidad, merécela.


sábado, 23 de mayo de 2020

CON OTRAS GAFAS / Superan el coronavirus y donan plasma para un ensayo clínico





La Fase 1 de la desescalada nos está sacando a todos del confinamiento en nuestras casas. Comercios y terrazas han abierto, muchos han vuelto a sus puestos de trabajo y el sonido de los coches sobre el asfalto gana la partida el suave canto de los pájaros que día tras día ha reinado en plazas, calles y avenidas.
Ha comenzado la reconstrucción de la vida económica y social sin perder de vista que seguimos en estado de alarma y la incertidumbre será nuestra compañera de viaje durante meses, hasta que no haya una vacuna efectiva contra el COVID 19 y se pueda administrar a toda la población.
Además del miedo lógico a lo desconocido, al contagio y a no saber cuando se puede recuperar la normalidad, otros sentimientos, los de solidaridad y generosidad, han estado y siguen estando muy presentes en la sociedad. Siguen los bancos de alimentos y ONGs prestando un apoyo esencial para la supervivencia de cientos de miles de personas, muchas de ellas familias con niños, y se esfuerzan los maestros por mantener el aprendizaje a distancia de sus alumnos. 

Profesores comprometidos
En zonas muy empobrecidas, los educadores redoblan sus esfuerzos para que los chavales puedan terminar el curso escolar aunque carezcan de medios tecnológicos. El equipo docente del colegio 'Misioneras Cruzadas', situado en la barriada 'La Virreina' de Málaga, hizo frente en las primeras semanas del confinamiento a dos retos. Unos 100 de los 300 alumnos del colegio, cuyas familias viven en una gran precariedad, se quedaron durante los primeros días del estado de alarma fuera del programa de refuerzo alimentario de la Junta de Andalucía, lo que motivó la reacción del equipo docente que logró donaciones de alimentos por particulares, Cáritas y cofradías. Consiguieron  mantener tres repartos de comida semanales cuando el comedor escolar ya había cerrado. Además, los profesores lograron el apoyo de Fundación La Caixa que donó tabletas a un grupo de escolares para que pudieran acceder a las clases online desde sus casas.
Las redes de solidaridad funcionan atendiendo a familias empobrecidas, inmigrantes y ancianos que viven en soledad. Mientras tanto, profesionales de diversos ámbitos de la ciencia se esfuerzan en los laboratorios por avanzar en sus investigaciones hasta obtener una vacuna o tratamientos eficaces que puedan cortar el avance del virus en el organismo de las personas.  Hombres y mujeres que han superado la enfermedad se han unido a esta cadena en la que la entrega altruista por un bien superior, el de la salud y la vida, deja a un lado los intereses individuales.

Superan la enfermedad y donan su plasma
Un total de 11 personas de Málaga que dejaron atrás la infección se han prestado a donar su plasma a un equipo investigador que trabaja en red en hospitales de toda Andalucía. En Málaga, los investigadores están en los hospitales universitarios Regional de Málaga y Virgen de la Victoria, junto con el Hospital Costa del Sol. Pertenecen, además de a las unidades de Enfermedades Infecciosas Medicina Interna, al Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (Ibima). Promovido por la Red Andaluza de Diseño y Traslación de Terapias Avanzadas de la Fundación Progreso y Salud y con el apoyo de la Consejería de Salud y Familias, en el ensayo participa un total de 72 pacientes en toda la comunidad. 
El investigador principal del Hospital Regional de Málaga, el facultativo especialista de la Unidad de Enfermedades Infecciosas, Ignacio Márquez, señala que "de los resultados del ensayo clínico se podría concluir el uso de plasma de pacientes que han superado la enfermedad como una nueva opción de tratamiento. Se pretende demostrar si la administración de plasma de estos pacientes es efectiva en los primeros estadios, evitando que progrese a fases de mayor gravedad", subraya, al tiempo que agradece la generosidad de los pacientes.

jueves, 21 de mayo de 2020

Descubriendo la alegría de vivir durante el confinamiento





Francisco Carrasco
Colaborador del Teléfono de la Esperanza

Voy a relatar mi experiencia en estos días de confinamiento. En primer lugar debo indicar mi situación personal, ya que condiciona la manera de afrontar el encierro que estamos realizando. Soy viudo, vivo en un piso relativamente grande en una urbanización de una zona residencial de Málaga. Ya hace varios años que cumplí los 70 y debido a mi alta tensión arterial se me considera persona de riesgo. Tengo tres hijos casados y seis nietos. La mayor de mis hijos vive en Brasil mientras que los otros dos están más cerca, en Torremolinos y Rincón de la Victoria, aquí en Málaga. Desde hace nueve años convivo felizmente con mi pareja Carmen.
Durante un largo periodo del confinamiento he estado sólo, encerrado en mi piso, con diferentes estados de ánimo, pero en general contento de no contagiarme del virus que nos amenaza. Los primeros días o incluso semanas sentía mucho miedo, debido a las aterradoras cifras que se barajaban en relación al colapso de los hospitales y al dramático número de fallecimientos. Tanto es así que no me atrevía a atravesar la calle para ir a la farmacia, ni salir para ir al supermercado. En las siguientes semanas ha ido disminuyendo el miedo al contagio, aunque no ha desaparecido, lo que me ha permitido hacer esporádicas salidas en coche al supermercado y recientemente salir a caminar a las horas permitidas.
Intento llevar una vida relativamente metódica, de tal manera que estoy ocupado la mayor parte del día repitiendo diariamente la misma rutina. Así procuro levantarme relativamente temprano de 8,30 a 9 horas, dando gracias a Dios de permitirme continuar viviendo (he de reconocer que algunos días se me olvidó esta plegaria). Por las mañanas lo primero que hago llamar a Carmen y tachar del almanaque el día anterior ¡ya nos queda un día menos para acabar!. Leo el correo electrónico y los periódicos ‘Sur’ y ‘El Mundo’, las primeras noticas que repaso es la situación de la epidemia en Málaga y en España.
A la largo de la mañana las principales actividades que realizo son la limpieza doméstica, andar y trabajar en el ordenador. La primera de ellas es la que menos me gusta; la segunda es una necesidad recomendada por los médicos para perder peso, al principio seguía una ruta en mi piso por pasillo, salón y dormitorio amenizado por una emisora de radio y ahora salgo a caminar por la calle. En el ordenador he tenido tiempo de hacer tareas que antes no realizaba frecuentemente, revisar las cuentas bancarias, clasificar montones de fotos (tarea que aún no he finalizado), preparar los papeles para la declaración de la renta ….
Casi nunca antes me había hecho la comida y en estos días he aprendido a valerme solo, así que me preparo la comida, casi siempre con ensaladas, vegetales, legumbres…también estoy aprendiendo a hacer algunos platos y me manejo bastante bien, aunque me fastidia bastante la tarea de limpiar la cocina. ¡Ahora valoro mucho más la labor de las amas de casa!.
Por la tarde, después de una ligera siesta, viene un pequeño ritual que consiste en prepararme un café descafeinado, un whisky o un ron con cola, (sólo una de las tres bebidas), salir a la terraza del piso y fumarme un cigarro (aunque últimamente me fumo dos, debido a que se consumen muy rápidamente). Después llamo por teléfono a Carmen y a algunos amigos. Paso el resto de la tarde con un libro, viendo algún programa de televisión (me distrae ver los jaleos que forman en Telecinco), algunos días me llaman mis hijos y veo a mis nietos por WhatsApp. Por la noche veo el telediario y termino el día viendo la tele o leyendo.
Como he indicado estoy pasando relativamente bien el confinamiento, principalmente en base a nueve pilares diferentes: actividad continua, Carmen, mis hijos y nietos, las tardes en la terraza, el móvil, mis amigos, internet, la televisión y la lectura.
La actividad continua es fundamental para estar ocupado todo el día y mantener un buen estado de ánimo. Con Carmen mantengo una estrecha relación en la distancia que me ayuda a esperar que vendrán tiempos mejores en los que podremos disfrutar de nuevo de la vida juntos. Mis hijos y nietos se preocupan de mi salud y bienestar.
Mis tardes en la terraza son uno de los mejores momentos del día, puedo observar diferentes pájaros (palomas, gaviotas, tórtolas, cotorras …). He visto crecer día a día las hojas de un nogal que cuando empezó el confinamiento solo tenía ramas secas y ahora está exuberante de hojas verdes. Tengo amplias vistas de espacios libres de edificios con vegetación muy verde y puedo ver un poquito de mar a lo lejos. Por las noches se escucha el silencio.
El móvil, con el WhatsApp, me permite seguir conectado con mis relaciones personales. Los amigos son de gran ayuda en estas ocasiones. Internet me permite tener la conexión con el mundo exterior y la televisión me entretiene en numerosos momentos y me permite volver a ver partidos de futbol históricos que amenizan mis veladas solitarias. La lectura es muy gratificante para mí pues me permite evadirme de la triste realidad que nos rodea
Nunca había pasado anteriormente tanto tiempo solo y el confinamiento ha sido positivo pues me ha permitido reencontrarme conmigo mismo, valorar adecuadamente a las personas que me rodean y encontrar un sentimiento que me faltaba. Así que termino con una frase del libro que estoy leyendo ahora que fue finalista del premio Planeta de 2019 “Ese es el sentimiento que necesito de ahora en adelante: la alegría”.


martes, 19 de mayo de 2020

Manejar la incertidumbre y reducir sus efectos





Ana Laxmi Thakurdas
Voluntaria de acogida en el Teléfono de la Esperanza

¿Cómo voy a salir si nadie me garantiza que no voy a contagiarme?
Empezamos a recuperar nuestra actividad con cautela  en un escenario desconocido y ésta es la pregunta que más nos preocupa dejar sin respuesta.

LO QUE QUEREMOS
Control: habilidad para hacer que algo se comporte como se quiere.
LO QUE TENEMOS
Incertidumbre: falta de seguridad o de confianza sobre algo que además provoca inquietud.
EFECTOS
Duda, parálisis, ansiedad y miedo.
SOLUCIÓN
Aprender a manejar la incertidumbre, paso a paso, día a día.

Las personas guardamos en la memoria cómo actuamos cada vez que ocurre algo y así en futuras ocasiones similares echamos mano de esos patrones para salir airosos gastando el mínimo de energía. ¿Qué pasa cuando la situación es nueva, amenaza nuestra seguridad y no tenemos patrones de conducta previos? Nos confundimos y nos bloqueamos.
Por ejemplo, imagina que visitas cada año un familiar que vive lejos y disfrutas del viaje porque sabes perfectamente el camino, los atascos, las gasolineras, los restaurantes... Pero ¿qué ocurre si se muda a una ciudad que no conoces? Pues que sin GPS o mapas estarías mucho más nervioso o ni siquiera irías.
El COVID-19 nos deja igual que un viaje sin guía, desorientados. Para adaptarnos a esta nueva normalidad venciendo el miedo y poniendo la incertidumbre contra las cuerdas debemos encender nuestro propio GPS de la siguiente manera:

  • Decide tu meta para salir de casa tranquilo y volver sano
  • Haz un mapa. Visualiza cómo sales, la calle, el saludo al vecino, las protecciones que usas, olores, sonidos y cómo vuelves a casa contento.
  • A por ello. Aunque la incertidumbre es grande tu objetivo es pequeño, cumplir lo que visualizaste para hoy sin pensar en lo que vendrá después.
  • Habrá sorpresas claro y te darán más alegrías de las previstas como ese amigo que hacía tiempo no veías o el dependiente que te regala un dulce. Acepta que también hay riesgos y por eso cuidas de ti y  cuidas de los demás.
  • Vuelta a casa. Date la enhorabuena porque manejar la incertidumbre es cosa de valientes.
  • Prepara tu rutina de mañana.


sábado, 16 de mayo de 2020

CON OTRAS GAFAS / Aprendiendo de nuestra ansiedad


Aprendiendo-de-nuestra-ansiedad


En toda época de crisis, un cierto nivel de activación y de precaución están bien para tomar conciencia de la situación en la que estamos y para poner en marcha las medidas necesarias para resolver los conflictos y aprender de ellos.
Las dificultades surgen cuando esta ansiedad nos paraliza y en vez de ocuparnos del problema, nos pre-ocupamos, y se empiezan a originar pensamientos repetitivos o que nos lleva a un bucle de debates, ya sea con los demás o ya sea con nosotros mismos, que no conducen a ninguna parte.
Es el momento de pararse. De observar cómo nos sentimos y de planificar lo que vamos a hacer.  El exceso de actividad, el bullicio y el ruido de muchos pensamientos que interfieren unos con otros no significan que vayamos a ningún sitio, al igual que por mucho que nos movamos hacia a adelante o a hacia atrás en una mecedora, siempre estaremos en el mismo punto de partida.


Técnica STOP

Existe una técnica S.T.O.P., que se define porque cada una de sus siglas nos indica los pasos en inglés de lo que hay que hacer:
Step Back. Retrocede, da un paso hacia atrás. Pon una distancia, detén el primer impulso y elige tomarte un respiro.
Think. Piensa. Qué te está estresando (cuál es el problema, expresa como lo sientes), cuáles son tus prioridades, qué soluciones tienes y las consecuencias de cada una de ellas
Organiza. Organiza tu plan de acción
Procede. Procede, Sigue adelante, actúa y llévalo a cabo. No dilates la solución, si la dilatas en el tiempo, la incertidumbre y la duda te originarán cansancio y desgaste emocional hasta que te decidas y des el primer paso.
Llegados a esta etapa, diferenciamos entre las rumiaciones constantes y el verdadero pensamiento, que no es otra cosa que las instrucciones que nos damos para guiarnos por cada uno de los pasos que vamos a dar:

Definir el problema

Estoy empezando a ponerme nervioso.
¿Qué nivel de ansiedad tengo de cero a diez?
Voy a tratar de mantenerlo bajo control y que no suba.
Cualquier tensión es sólo una señal de que tengo que poner mis pensamientos en acción. Voy a trazar un plan para que no suba. ¿Qué es lo que debo hacer?

Guiarse por la respuesta o confrontación

Dejo caer los hombros y respiro profundamente. Puedo tensar y relajarme disfrutando con todas y cada una de las sensaciones agradables de la respiración. Voy a relajarla. Lo tomaré con calma y sin prisas. Respiro profunda y lentamente, las palpitaciones sólo son un signo para concentrarme. Sólo es un paso más que la última vez.
¿Qué debo hacer exactamente? ¿Cuáles son las fases del problema? Tengo que concentrarme en cada uno de los pasos que voy a dar. La actividad disminuye la tensión. Es más fácil cuando has empezado. Es como pedalear, una vez en marcha cada vez es más fácil y automático. Si pienso más en mis objetivos que en mi malestar, éste pasará a un segundo plano. Cometer errores es normal. Tengo alternativas para cada caso.
La mejor obra es la intentada, no la imaginada y sin empezar. Ya he empezado a dar el primer paso.
Siempre puedo hablar con…, para que me ayude en lo sucesivo.
Puedo hacer cada una de las tareas. No haré un problema de un grano de arena. He estado en situaciones peores y las he superado con éxito. Puedo mantenerlo en unos límites razonables.  Una cierta tensión es necesaria para hacerlo mejor. El humor es a veces el mejor remedio. Trata de reírte de las cosas si puedes.
Visualiza una pacífica y bonita escena o tu propia idea del paraíso. Planea algo para ti mismo que te haga sentirte bien: tomar un café a solas, un baño caliente, tararear o bailar una música que te guste, etc.

Evaluación y correción

Parece que sube un poco el malestar.
Ahora sí que tengo que moverme y distraerme un poco.
¿Qué indicadores de tensión tengo ahora y cuáles son las respuestas alternativas incompatibles?
Trata de bajar un punto, respira profundamente, tensa algunos músculos y luego trata de relajarlos.
Voy a intentar recordar números de teléfonos, he de mantener la mente ocupada.
Lo estoy consiguiendo. Parece que baja un poco, mantenlo ahí. Respira profundamente y relájate.
Ya casi lo he conseguido.
Estoy bajando punto por punto hasta un límite adecuado.

Consecuencias autorreforzantes

Muy bien lo conseguiste. Estás superando el problema.
El esfuerzo ha merecido la pena. Cada vez puedes hacerlo mejor.
La próxima vez será más sencillo y no tendré que preocuparme tanto.
Es como la gimnasia de todos los días, cuando más la practico es más fácil y me puedo proponer nuevas metas, no voy a tener” agujetas” como la primera vez.

¿Qué pasos son los que más me han ayudado? ¿Qué habría hecho distinto?

Puedo disminuir la ansiedad relajándome.
Tengo que decírselo a…
Es posible controlarlo, lo único que debo hacer es concentrarme en mis metas
No era tan difícil como pensaba. Cuando no me tomo las cosas demasiado en serio me siento mejor.
Cada vez soy más independiente para hacer las cosas. Estoy me va a permitirme hacer cada vez más cosas de las que me había propuesto.

Y sobre todo, no te olvides de disfrutar durante todo el proceso

Artículo publicado en www.compartevida.es, la web que el Teléfono de la Esperanza está dedicando a atender a las personas que necesitan ayuda durtante la actual crisis sanitaria 

miércoles, 13 de mayo de 2020

Mi tío Pepe, el COVID 19 y la familia del Teléfono de la Esperanza





Francisco García López
Orientador en el Teléfono de la Esperanza


Hoy quiero escribir sobre algo doloroso, un duelo. Algo teórico, algo que se ve en la formación que recibimos los Orientadores del Teléfono de la Esperanza y que estoy viviendo ahora en primera persona.
A finales del mes de marzo falleció a la edad de 80 años mi tío Pepe por esta enfermedad que ha cambiado nuestras vidas, el COVID 19. Un hombre bueno donde los haya, un segundo padre para mí. Recuerdo, recién llegado de Valencia que me preguntó si iba a ir todos los días a almorzar con él y con su esposa al bar Mayjo en calle Sevilla. Y así lo hice todos los días menos los domingos durante casi cinco años. Cinco años en los que pude disfrutar de su bonhomía.
Dicen que casi todos los muertos son buenos pero él lo era de verdad. Cariñoso, sensato, buen esposo, buen tío, buen abuelo, un trabajador ejemplar y con un humor descacharrante. Un auténtico maestro de vida.
Y no pude despedirme de él como hubiera querido.  En cinco días se fue y no hubo ni velatorio, ni abrazos ni lágrimas compartidas. Sólo lágrimas en mi casa en soledad. Aunque sé que él, si quiere que nos acordemos de él es con alegría, con esa felicidad tan contagiosa que exhalaba.
Y ahí viene la paradoja, el ayudador ayudado, el orientador del Teléfono de la Esperanza que  pasa a ser la persona que recibe el apoyo de sus compañeros de la organización. Eso no es algo abstracto sino que se concretó en los mensajes del Whatsapp,  y en las llamadas repetidas de Juan (el presidente), Reme (una psicóloga), José Antonio (un coordinador).  En los quince años que llevo perteneciendo a esta ONG siempre he oído hablar de la gran familia que componen sus miembros y es realmente así. Me he sentido muy reconfortado por mis compañeros de ONG y os estoy enormemente agradecido.
Y la otra paradoja es la de la vida que sigue sin freno. La vida que me da la oportunidad de - con mi voluntariado como orientador en el Teléfono de la Esperanza - de seguir rindiendo un homenaje a mi tío, a mis padres, al resto de mi familia y a las personas que confían en mí.
Ya ha pasado más de un mes desde su fallecimiento y he atendido llamadas relacionadas con el COVID 19 y, modestamente, creo que lo he hecho bien. En las próximas semanas tengo turnos y me sigo formando para atender a personas cuya problemática tiene que ver directamente con esta enfermedad y para atender a otras cuya patología de base se ha agravado.
 Decía Borges en el Epílogo a sus Obras Completas en colaboración lo siguiente: “Somos todo el pasado, somos nuestra sangre, somos la gente que hemos visto morir, somos los libros que nos han mejorado, somos gratamente los otros.” Y yo, humildemente, soy un poco mi tío Pepe (esa persona tan buena) mientras ayudo a otras personas.
Gracias al Teléfono de la Esperanza por permitirme ser un miembro del equipo y gracias también a toda la familia del Teléfono de la Esperanza de Málaga por haberme ayudado cuando lo necesitaba.


lunes, 11 de mayo de 2020

Ahora que empezamos a salir, que no te pare el miedo


YoMeCuido



El Teléfono de la Esperanza, ha reforzado su presencia durante esta crisis sanitaria. Desde el 13 de marzo hasta el 4 de mayo se han recibido 22.782 llamadas en sus 31 centros territoriales, lo que ha supuesto un incremento del 30% de las llamadas comparado con el mismo período en 2019. El servicio de apoyo y asesoramiento psicológico, prestado por profesionales sanitarios, puesto en marcha tras la declaración del estado de alarma a través de la web www.compartevida.es ha recibido 720 solicitudes de asistencia psicológica prestada por profesionales sanitarios.
La actual crisis sanitaria, por el carácter disruptivo con la que se produjo, provocó una situación de alarma y emergencia con las correlativas consecuencias afectivas, cognitivas y conductuales. Hay ejemplos muy comunes y cotidianos de estos impactos, entre otros, fácilmente reconocibles;
Ø La reacción de parte de la población de acopiar suministros en sus casas, muy por encima de sus necesidades más inmediatas.
Ø Sensaciones, en ocasiones desbordantes, de una intensa emoción cuando la gente se asomaba a las ventanas a las 8 de la tarde.
Ø Modificaciones en las sensaciones energéticas del cuerpo por los cambios fisiológicos vinculados al confinamiento.
Ø Una inquietud generalizada mezclada con sensación de confusión, consecuencia de la sobreinformación y la pérdida de rutinas.
Por supuesto, aquellas personas que se han visto además expuestas, o que están más en contacto, con las consecuencias biopsicosociales de la pandemia, presentan problemáticas más específicas con un fuerte impacto sobre el equilibrio psicológico (fallecimiento por enfermedad, pérdida de empleo, estrés laboral…).




El miedo y la adaptación
Desde un punto de vista psicológico, considerando la población en general, el miedo ha sido la emoción más determinante en este primer momento. El miedo constituye una reacción adaptativa adecuada a una situación en la que hay riesgo para nuestra integridad física, en este caso, la enfermedad. Una parte de la población, nuestros mayores, se ha visto especialmente afectada por esta circunstancia.
Por otro lado, la utilización en los medios de comunicación de conceptos y visiones asociadas a una situación bélica, hace despertar en el imaginario colectivo otros miedos, más relacionados con hechos pasados (al menos, en España) y/o con creaciones culturales (películas o novelas sobre cataclismos, desastres, etc.).
Se ha hablado de lucha, del enemigo, de combatir, hemos escuchado sirenas, ¡las hemos aplaudido llenos de excitación!, hemos visto militares paseando por las calles, incluso algunos balcones y ventanas han sido la atalaya desde la que vigilar al vecino cuando salía a la calle...

Conductas en la calle
El miedo tiene múltiples formas de expresarse a través del mundo emocional, de los pensamientos y de las conductas. Estos días, cuando salimos a la calle, podemos comprobar cómo nuestra postura está contraída, cómo evitamos mirarnos o bajamos la mirada al suelo, cómo giramos levemente nuestro cuerpo echando un hombro hacia delante, o exponiendo nuestra espalda con preferencia a las partes más blandas situadas en nuestro torso.
Las posturas y los gestos asociados al miedo tienen su correlato psicológico. La investigación en psicología en estas últimas décadas, ha venido poniendo la atención sobre esta correlación entre la postura y la respuesta emocional.
Por otro lado, es de sobra conocido que, incrementar el repertorio de emociones de valencia positiva, mejora el funcionamiento de sistema respiratorio, cardiovascular e inmune[1], lo que revierte en un mejor afrontamiento de la enfermedad, si se presentase.

La desescalada
En estos días se habla de desescalada pero, ¿cómo hacemos ahora esta transición con el cuerpo lleno de miedo?.
ü Ignorar lo que ha sucedido y está sucediendo no es adaptativo, y no va a facilitar que se promuevan conductas de cuidado personal y apoyo colectivo.
üMantenernos en el miedo tampoco resultará adaptativo, pues el contexto actual requiere que nos movamos, si bien en una dirección distinta a la que precedió a esos primeros momentos de la pandemia.

Llega ahora un tiempo complejo en el que es preciso promover actitudes y conductas que se orienten a:
Ø Desarrollar pautas de cuidado personal, tanto para promover el propio bienestar como el bienestar de las demás personas.
Ø Impulsar conductas prosociales, dándonos cuenta de la importancia del apoyo social y de la construcción de redes que puedan dar respuesta a necesidades de muy distinto orden que ya han surgido y que surgirán. 
Es tiempo de cambiar porque algo ya ha cambiado y algo va a cambiar. No podemos hablar de un antes y un después del Coronavirus, no podemos hablar de pos-covid, por el momento. Ahora empieza a hablarse de normalizar la enfermedad, de que no habrá vacuna hasta dentro de varios meses, de que hay que seguir viviendo con esta nueva realidad; un virus del que aún desconocemos muchas cosas, va a formar parte de nuestras vidas ahora (del futuro, hoy, no podemos hablar).

Campaña 'Que no te pare el miedo'
Por esta razón, el Teléfono de la Esperanza lanza hoy una campaña para su difusión a través de redes sociales, medios de comunicación digitales y soportes gráficos que pudieran utilizarse.
Queremos animar a medios de comunicación, empresas e instituciones públicas a sumarse a esta iniciativa colaborando en su difusión e incorporando su logo a los para publicarlos en sus propias redes o en los soportes situados en espacios públicos (MUPIS). En todos los carteles es posible insertar el logo en la parte inferior derecha de la imagen (dentro de la franja blanca).
La imagen que acompaña a este post es la primera que estamos difundiendo desde hoy y durante dos semanas en las redes sociales.