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jueves, 15 de octubre de 2020

"Si hay dolor, hay que hablar y compartirlo con otros. No hay nada más valiente que decir: Creo que necesito ayuda"


                  Bono junto a los ejemplares de su novela, 'Diario del asco'. / EVA S. MELENDO


Isabel Bono es malagueña del 64. Contaba en una entrevista reciente que ya a los siete años se encerraba en su cuarto para escribir. Desde muy joven ha escrito poesía. A ella ha dedicado gran parte de su trayectoria como narradora, pero en 2016 consiguió el Premio de Novela 'Café de Gijón' con 'Una casa en Bleturge'. Narró una historia familiar en la que muere un hijo. En 2020 editorial 'Tusquets' ha publicado 'Diario del Asco' en la que reflexiona sobre la vida, el sinsentido de no tener motivos para vivirla, el suicidio y la importancia de contar a otras personas lo que nos pasa como herramienta curativa.

¿Por qué el título 'Diario del Asco'? ¿Qué te planteabas narrar?

El germen de esta historia surge a mediados de los 90. Una conocida se lanzó desde el viaducto que se ve desde la carretera de Olías, cerca de Málaga. Mirando aquel viaducto, pensé: "Alguien tuvo que verla caer". Esa frase se me enquistó, tenía que escribir una historia que la incluyera. Empecé a escribir fragmentos sueltos. La historia fue evolucionando hasta convertirse en otra cosa, en mi primera novela 'Una casa en Bleturge' (donde no aparece el viaducto). En 2017 retomé aquella imagen y, durante la escritura surgió el título por casualidad, cuando Mateo, el protagonista dice que la psiquiatra le ha recomendado que escriba una especia de diario y que si tuviera que titularlo sería 'Diario del asco'. Me pareció muy apropiado, y ya no busqué más.

¿Quién es Mateo, el protagonista de tu  novela, y qué le falta para ser feliz?
Mateo es un hombre corriente. No es un loco, en todo caso es un "soso", no sabe ver la parte luminosa de la vida. Puede que no lo sepa y sufra una depresión soterrada, aunque nunca se lo ha planteado. Simplemente piensa que es su manera de ser, de estar en la vida, sin sacarle nada de jugo. Para él vivir sólo es un trámite. También le ocurre que cuando parece encontrar una luz mínima, desaparece. Digamos que es un tipo apocado con mala suerte. Mala combinación, desde luego.


Mateo siente que se le va la vida envuelta en días grises y repetitivos, como si no tuviera una pasión fuerte que lo motive. ¿Vive lastrado por el suicidio de su madre o es su propia falta de motivaciones lo que le lastra?
Pues creo que es la suma de las dos cosas. Su temperamento no es precisamente la de un hombre fuerte, activo. Si a eso le sumas las circunstancias de su vida (un padre con el que no tiene nada en común, una madre que parece estar en su mundo y que acaba suicidándose, y un hermano que le hace la vida imposible), pues tampoco ayuda. Lo dices muy bien, no siente una pasión fuerte por nada. Tiene una personalidad tristona dentro de una familia, y una vida, tristona. No digo que padezca depresión porque la depresión es una enfermedad y yo quería que lo que le ocurre a Mateo fuera más cuestión de carácter sumado a un entorno complicado.

¿Es un nihilista o solo es una persona a la que le pesa la vida?
Pues fíjate que yo no creo en los nihilistas. Es imposible negarlo todo de base. Se llega a esa negación por algo. Para mí el nihilista no nace, se hace. El nihilista es un desencantado al que, si las circunstancias le hubieran sido mínimamente favorables viviría, no digo feliz pero sí, medianamente a gusto. A Mateo le pesa la vida. De niño era apocado, y encima su madre lo cargaba con ciertas responsabilidades morales (como cuidar de su hermano cuando ella faltara). El pobre fue perdiendo gas a medida que crecía. Pero no deja de sentir curiosidad, dice que no se entera de nada pero se fija en todo. Tiene una enorme sensibilidad para los detalles (como cuando va en el autobús, o en el tren), ve cosas que otros no ven. Pero él no se ve así, cree que no sirve para nada, que no hace nada bien, que pasa por la vida sin pena ni gloria (más bien con pena). No es capaz de verse desde fuera, de autoanimarse, de reconocer que es alguien curioso, que en realidad le gustaría ser feliz.

Creo que todos deberíamos saber mirarnos desde fuera. Igual que damos a veces consejos a los demás, preguntarnos: ¿Qué le diría a alguien como yo?


En el Teléfono de la Esperanza tenemos la experiencia de que muchas personas que hablan de suicidarse no quieren dejar de vivir, lo que realmente quieren es dejar de sufrir. ¿Qué salidas tiene Mateo para dejar atrás ese sufrimiento?
Esa es la gran tragedia: que nadie quiere morir. Ni los que llegan al punto de suicidarse quieren morir. Sólo quieren dejar de sentir el peso del dolor. He leído que el 90% de las personas que han sobrevivido a un intento de suicidio reconocen que en el momento de estar llevándolo a cabo se estaban arrepintiendo. El 90%. De esos tenemos datos, pero estoy casi segura de que si pudiéramos preguntar al resto, a ese 10% que ya no puede decir nada, dirían lo mismo.
 Creo que confundimos el "No me gusta esta vida" con "No quiero vivir". La vida no es Telediario, no es las malas noticias, la vida es otra cosa, es una oportunidad, La Oportunidad. Después viene lo que cada cual quiera/pueda/sepa hacer con ella. Si hay dolor es muy difícil siquiera pensar en qué hacer. A alguien que sienta dolor no le digas que vivir mola. Estar vivos es lo único que tenemos (a no ser que sea creyente y tengas una "vida extra"). Eso a Mateo le da igual. Está cansado de no sentir, de no haber encontrado nada que de verdad lo ate a seguir vivo. A veces se busca tareas, como le dice la psiquiatra (escribe sus recuerdos, pone música, sale a pasear, va a la estación a ayudar a los "guiris", etc). Encuentra a Micaela, pero también la pierde. De lo que no se da cuenta (ya digo que no sabe verse desde fuera) es de que si Micaela le proporcionaba algún motivo, alguna ilusión para vivir, por pura estadística no va a ser la única en el mundo. A su carácter le falta ese empujoncito de "Siga jugando".

El diario del protagonista es curativo, le ayuda a poner sus experiencias en orden. ¿Cómo puede salir una persona del pozo negro del sinsentido en la vida?
Mirándose, viéndose desde fuera y verbalizando lo que le pasa. Primero ante él mismo y después ante otro. Estoy segura de que si a alguien que tiene en mente suicidarse, un pariente o un amigo le dice que quiere suicidarse, me juego cualquier cosa a que intentaría convencerlo de que no lo hiciera. Seguro que se le ocurrían cuarenta motivos para quitárselo de la cabeza. Pues eso motivos que recomendaríamos a otros, deberíamos saber aplicarlos a nosotros mismos. Nos cuesta menos dar consejos que ponerlos en práctica.

Hablar. Hablar es fundamental, compartir un dolor lo hace más ligero, los demás nos pueden dar su punto de vista que quizá nos ilumine un poco. Hablar cura. Escribir cura. Cuando escribimos nos vemos desde fuera que, insisto, creo que es muy importante.
También pienso que, si ya lo das todo por perdido hasta el punto de quitarte la vida, agarra una mochila, mete cuatro cosas y vete a ver mundo, no sé, haz dedo hasta llegar a otra ciudad, a otro país, quién sabe, igual en el camino encuentras algo de ti, de los demás, de la vida, que no  sabían que estaba. ¿Qué puede pasarte? También me pondría un papel bien visible, en la puerta del frigorífico por ejemplo, que dijera: "Deja el suicidio para mañana" (como en esos bares donde hay un letrero permanente de "Hoy paella"). 
El presente permanente. Si tienes menos de 80 años o no tienes ninguna enfermedad terminal, si eres joven y sano, deja el suicidio para mañana. Hoy, dedícalo a salir de tu casa, de tu calle, de tu mundo. Seguro que hay alguien que siente más dolor que tú. Ayúdalo. Creo que sentirnos útiles es, al menos, el 50% de desear seguir vivos.

El psiquiatra austríaco Victor Frankl escribió 'El hombre en busca de sentido' después de sobrevivir a la vida en varios campos de concentración entre 1942 y 1945. En su reflexión sobre el sufrimiento humano, concluyó que no se puede suprimir el sufrimiento porque es parte de la vida de la persona. Sin embargo, no se le puede arrebatar la libertad de elección de la actitud personal ante las circunstancias para elegir su propio camino. ¿Crees que la mayoría de las personas no somos conscientes de esa libertad interior?

Antes me chocaba que personas, como Primo Levi o Jean Améry, que sobrevivieron a campos de concentración, acabaran suicidándose. Supongo que haber visto lo peor del ser humano (de algunos seres humanos), ese dolor no les permite ver nada bueno a su alrededor nunca más. Uno se suicidó con 67, el otro con 65. Demasiado jóvenes para mi gusto. ¿Perdieron la curiosidad?, ¿la esperanza de un mundo mejor? Supongo que llega un punto en el que el cansancio puede con todo, y quizá el miedo a volver a vivir algo parecido. Sufrimiento habrá siempre, si no es por uno mismo por otros. Amar conlleva sufrimiento. Hay personas que lo sobrellevan mejor que otras, que son capaces de apartarlo y vivir como si nada, o de convivir con él. Pero no sé hasta qué punto somos libres de "elegir" qué hacer. Si alguien genéticamente no viene configurado para sobrellevar el sufrimiento... Yo creo en la genética sobre todas las cosas. Las circunstancias influyen, pero la genética manda. Luchar contra la genética de uno es una guerra civil.
Creo que cuando el sufrimiento lo ocupa todo no somos capaces de ver más allá. La libertad vivir/no vivir queda oculta, sólo ves una salida (y no es buena). Elegir puede ser devastador, el desgaste total: luchar contra nosotros mismos, buscar incansablemente motivos para seguir vivos mientras algo muy dentro nos dice que no hay motivos.
De ahí el salir de uno mismo,
 hablar, buscar ayuda. No hay nada más valiente que decir: Creo que necesito ayuda.

Tú has escrito mucha poesía, pero es con la novela cuando estás teniendo más críticas a tu obra. ¿Cómo lo llevas?
Pues como las críticas, de momento, no son malas, lo llevo bien. Sí me da cierta pena que cuando se publica un libro de pomas recibir una crítica ya es mucho, y una novela puede tener veinte. Pero es la ley de la oferta y la demanda: quienes leen poesía son minoría.


¿Del amor no se sale vivo?
En la novela alguien dice (no recuerdo si Mateo o Micaela): "Del amor casi nunca se sale vivo". Amar conlleva dolor. Si amas a alguien y esa persona sufre, tú sufres. Si amas y no te aman, sufres. No hablo sólo del amor romántico. Si amas la naturaleza y ves un incendio o el mar lleno de plásticos, sufres. Aunque vayamos superando ese dolor, el sufrimiento va dejando un poso. Si llegamos a un punto en el que ese lodo nos llega al cuello...

Por eso hay que aprender a contrarrestarlo. Me da igual cómo, no soy moralista. Me da igual que contrarrestes ese dolor que te ahoga apuntándote a una ONG y haciendo algo por el mundo, o encerrándote en tu casa a disfrutar de lecturas que te aíslen de todo lo feo del mundo. Lo ideal sería mitad y mitad: haz algo por ti, pero también por los demás. Y no hay irse muy lejos, ni a la India ni a África, ni a ningún sitio raro. Seguro que en tu bloque hay alguien a quien puedes ofrecer algo. Estoy convencida de que sentirnos útiles es al menos el 50% de apreciar que estamos vivos.

Has hecho una reflexión muy interesante

Gracias por dejarme hablar desde mi limitada perspectiva de un tema tan importante. Me parece que no se os ha reconocido como se debe la enorme labor que hacéis, deberían daros todos los premios y dejaros ir a hablar, a dar charlas, a institutos para prevenir el suicido en jóvenes. Tenéis toda mi admiración. De verdad, gracias. Os admiro muchísimo.

martes, 17 de julio de 2018

Remedios González: "El encanto de la orientación está en ayudar a las personas a encontrar su camino"






Remedios González Figueroa es voluntaria en el departamento de Orientación del Teléfono de la Esperanza desde hace unos veinte años. En esta entrevista nos cuenta su experiencia, reflexiona sobre la soledad de muchos llamantes y agradece todo lo que su labor le ha aportado como persona.

¿En qué año y cómo fue tu primer contacto con el Teléfono de la Esperanza?

Mi primer contacto con el Teléfono de la Esperanza fue a través de unos amigos. Me reunía con ellos para cosas lúdicas  senderismo, el Camino de Santiago etc. Entonces trabajaba y no tenía tiempo para colaborar. Además, me causaba tanto respeto la actividad del teléfono que yo no me veía capacitada para ayudar.
Fue después de unos años cuando conociendo a las personas y el trabajo que realizaban, decidí hacer los cursos para participar en el voluntariado. En honor a la verdad, tenía miedo porque casi todas las personas tenían un nivel de estudios (titulitis)  superior al mío y eso me frenaba. 
Era director el gran Jesús García Toribio. Recuerdo que me preguntó “¿Por qué has tardado tanto en hacer los cursos?”  Y le dije: “En este tiempo he conocido  el cometido del teléfono  y pienso que no importa escribir árbol con B o con V, lo importante es que el árbol crezca. Son casi 20 años ya y aquí estoy”.

¿Te habías planteado antes ayudar en una asociación? ¿Qué te aportaron los cursos de formación para la orientación? 

En 1990 colaboré en la Asociación Amatista de mi pueblo. Los cursos me ayudaron a conocerme, a pensar y aprendí a escuchar y a darme cuenta que todos tenemos razón en parte.  Para la orientación, me aportaron saber escuchar a las personas, transmitirles seguridad, minimizar los problemas, lo importante que es el sentido del humor en la vida y ponerse en el lugar del otro.

De tus primeros tiempos de atención a los llamantes, ¿recuerdas alguna llamada que te impactara especialmente?

Recuerdo un niño de 12 años, que llamó porque en la clase de su hermano de 14 fumaban porros. Temía porque su hermano fumara también y no sabía a quién decírselo. Me impacto su voz, su miedo y lo impotente que se sentía ante aquella situación.

¿Se nota alguna variación en el tipo de problemas que exponían las personas hace veinte años con los de ahora?

Desde mi punto de vista son los mismos. Ahora con la crisis y el paro, los suicidios han aumentado algo. La soledad y las crisis de parejas son los  temas más habituales.

El conflicto y la soledad parecen estar siempre presentes en el ser humano, en cualquier hombre o mujer. ¿También los caminos para solucionar los problemas?

Desde mi modesto entender hay tantos caminos como personas. Cada cual tiene su propio mundo y por tanto su propio camino. Ahí está el orientador para ayudarle a encontrar su camino, en su mundo. Tarea un tanto complicada, pero ahí está el encanto y la importancia de la orientación. Muchas veces las personas encuentran su camino.

¿Qué le dices (o que le dirías si no has tenido esa experiencia) a una persona que está pensando en suicidarse?

En primer lugar decirle que cada persona es una filigrana de Dios. Que solo tiene una vida, que se lo piense muy bien porque si se tira desde un sexto y por el tercero se arrepiente, la cosa ya no tiene solución, que piense en el dolor que va a causar a sus seres queridos y haciéndole ver que su vida es suya y por eso precisamente tiene que cuidarla. Además tiene la gran suerte de tener a muchas personas que le queremos ayudar. Ofrecerle todos los talleres que tenemos en el Teléfono de la Esperanza.

¿Las personas creyentes en Dios o que maduran cualquier tipo de espiritualidad tienen más fortalezas en los momentos de crisis?

Desde mi experiencia no. Porque cuando les falla su Dios, según ellos, dejan de encontrar sentido a su vida. En cambio los no tan creyentes intentan recomponerse como pueden.

La soledad es el eterno problema y según todos los indicadores va a más en la sociedad actual. Nos impactó el estudio que publicó el INE sobre la soledad no deseada.  https://bit.ly/2NJzRUa A pesar de que cada vez tenemos más canales para estar conectados unos a otros, se incrementa la soledad. ¿Qué está pasando?

Cada cual vive la soledad como puede. Yo la veo así. La soledad es uno de los mayores problemas del primer mundo. Hemos eliminado muchas enfermedades como el cólera o el tifus y las padecen los que viven en el llamado Tercer Mundo. Tenemos exceso de bienestar. Hace cincuenta años no había ni depresión ni soledad y a los psicólogos apenas los conocíamos.
Se trabajan menos horas (gracias a Dios) y, por tanto, se gasta más. No nos han enseñado a gestionar nuestro tiempo libre. Estamos construyendo un mundo donde no hay lugar ni para niños, ni para viejos. Las personas no leen y las familias no dialogan. Los niños chicos se mandan a las guarderías y los mayores a las residencias.
Tenemos que ser conscientes de que la risa, el llanto, las alegrías, las penas, el éxito y el fracaso van de la mano. Mientras que no maduremos y aprendamos a vivir con ellos no encontraremos eso que llamamos felicidad. Porque la felicidad sólo se vive a ratos,  de lo contrario, sería aburrimiento. Los problemas no nos van a faltar, tenemos que aprender a vivir con ellos. La persona tiene que aprender a ser feliz sola para luego vivir en compañía. Lo demás es dependencia. La vida es una escuela donde nunca te dan el graduado. No lo olvidemos.

¿Notas que en los últimos tiempos han aumentado las llamadas de los jóvenes? ¿Qué les agobia o deprime?

Más o menos igual, llaman más parejas por problemas de separación y custodia de los hijos.

¿Qué ha aportado a tu vida el Teléfono de la Esperanza?

Crecer como persona, conocer gente  estupenda, amigos. Muchas cosas y muy buenas. Además me siento útil y eso es muy importante.

martes, 22 de noviembre de 2016

Canal Sur TV da voz a los supervivientes de suicidios y a las acciones de prevención



El programa 'Los reporteros' de Canal Sur TV hizo el pasado domingo su contribución a las acciones que los colectivos de familiares de personas que se han suicidado y el Teléfono de la Esperanza llevamos a cabo para prevenir el suicidio de personas que han sufrido tanto dolor que ya no ven otra salida.  El reportaje 'Sobrevivir al suicidio' da voz a familiares de personas que se han quitado la vida e integran un colectivo de supervivientes. También aparecen en él Cecilia Borràs, madre de un suicida y fundadora de la asociación de supervivientes DSAS, Lucía Pérez, psiquiatra de la Unidad de Salud Mental del Hospital Regional Carlos Haya, que colabora con nosotros en el programa de prevención del suicidio Alienta, y Juan Sánchez, presidente del Teléfono de la Esperanza.
El reportaje aborda el dolor de las familias dándoles voz y con respeto a su dolor, sin hacer concesiones al dramatismo forzado ni al morbo. Lo podéis ver a partir del minuto 12.20 del vídeo. 
También es muy interesante el reportaje que abre el programa, dedicado a las personas extranjeras inmigrantes que son recluidas en duros centros de internamiento por la infracción de no disponer de documentos.

Leer más:
"Los supervivientes al suicidio de un familiar tenemos que mirar al otro y vernos en su espejo, es esencial para poder seguir adelante"

viernes, 28 de octubre de 2016

Ángel Luis Mena: "Los medios deben romper el tabú y hablar del suicidio respetando a los familiares en duelo e informando de los recursos de ayuda"


Como ayudar a un suicida
Ángel Luis Mena, periodista de la Escuela Andaluza de Salud Pública. Foto: Juanma Jiménez

Ángel Luis Mena, periodista y técnico en comunicación en la Escuela Andaluza de Salud Pública es el primer ponente que interviene en las Jornadas Técnicas 'Sobre vivir' para la prevención del suicidio. Desde hace varias décadas, los periodistas trabajan con la norma de que "el suicidio no es noticia".  Los medios contribuyen al silencio que hay en la sociedad sobre esta cuestión, pero existe la evidencia de que pueden jugar un papel muy importante en la prevención del suicidio. Un tratamiento respetuoso con las víctimas y sus familiares y la promoción de los recursos existentes para las personas que lo necesitan son las claves para un cambio de tendencia en la comunicación pública de estos hechos.

Llevas una década en la estrategia de sensibilización 1decada4 del Plan Integral de Salud Mental de Andalucía. ¿En ese tiempo, se observa que las enfermedades mentales y el suicidio tienen más visibilidad en la sociedad?
Trabajamos la comprensión de las enfermedades mentales, el respeto hacia las personas con problemas de salud mental y la lucha contra las múltiples discriminaciones que padecen. Es un proceso lento debido al estigma social que las rodea, pero hay avances. En particular en Andalucía, las mejoras han sido significativas cuando quien toma la palabra son las propias personas implicadas: los pacientes y sus familiares. El movimiento asociativo en salud mental, con el apoyo de las instituciones, está consiguiendo poco a poco que se hable de la salud mental y normalizar situaciones injustas. El trabajo con la prevención del suicidio es más reciente y también tenemos aún muchos mitos y tabús que derribar. El primero, que hay que hablar de suicidio. Hemos de concienciarnos del grave problema de salud pública que representa y pasar a la acción para evitarlo.

Una de las referencias que maneja el plan de cara a las recomendaciones para los medios en el tratamiento del suicidio es el Proyecto Euregenas de la Universidad de Gante. ¿En qué consiste y qué persigue?
Euregenas busca implantar estrategias de buenas prácticas en la prevención de pensamientos y conductas suicidas en diferentes regiones europeas. Andalucía y Castilla León han participado desde España, junto a otros diez países. Se han producido herramientas y materiales de divulgación tanto para el ámbito laboral, los medios de comunicación, el profesorado y el ámbito escolar, profesionales sanitarios o para apoyar iniciativas de prevención basadas en las nuevas tecnologías o la creación de grupos de apoyo para persona en duelo. Como vemos, las estrategias tienen muchos frentes. Un mensaje de esta variedad es que, al final, desde nuestra posición profesional o desde la vida personal, todos podemos colaborar en la prevención del suicidio. Para saber más sobre Euregenas se puede consultar http://www.euregenas.eu/espanol/

¿Qué tipo de aspectos, datos o situaciones se recomienda publicar de un suicidio?
¿Cuáles no deberían tener mucha difusión?
Para empezar, es fundamental la objetividad y un lenguaje informativo. Evitar el dramatismo y la crónica de sucesos. Limitarse a los hechos y no colorearlos con palabras recurrentes pero inapropiadas como un suicidio “exitoso” o “fallido” si sólo fue un intento. Los datos que manejamos son alarmantes, pero también hay que evitar hablar de “epidemia” o “escalada” de suicidio. En general, desterrar el sensacionalismo y atenerse a los hechos, intentando no usar imágenes en foto o video que describan el acto o su contexto. Además, evitar usar la palabra “suicidio” en el titular en prensa o la entradilla de radio y televisión y no dar a la noticia una importancia mayor de la que tiene sólo por puro morbo. Una tentación fácil también es simplificar las causas y atribuir el suicidio a una única razón. Cuando sabemos que suele haber múltiples motivos que desembocan en el suicidio. Es preferible no aventurar que hubo sólo uno. Y algo muy importante: no revelar ni describir el método empleado ni el lugar. A veces es noticia un método “diferente” o particularmente violento y su difusión provoca réplicas, cuando se está dando carta de naturaleza a algo excepcional. Está muy documentado que hay un efecto de imitación, lo que se llama el efecto Werther.

¿Qué supuso el informe Werther a principios de los años 70 para que los medios dejaran de informar sobre las personas que se quitan la vida?
Tuvo consecuencias positivas para evitar el efecto réplica o “copycat” en inglés. Los medios de comunicación entendieron que estaban sirviendo de apoyo a las conductas de imitación. Estudios posteriores confirmaron que especialmente entre los 3 días y las dos semanas siguientes a la publicación de la noticia. Las investigaciones señalan también que algunos grupos de edad son más vulnerables, como adolescentes o personas mayores. Y además, el efecto Werther aumenta cuanto más impacto mediático tenía la noticia, tanto por cantidad, como por otras características, como la descripción detallada del método o de su singularidad, del contexto y en particular si la persona fallecida es famosa.

Hoy por hoy, la tendencia en los medios es publicar noticias de suicidios de famosos y la de los maltratadores que se quitan la vida tras matar a sus parejas
La difusión masiva del suicidio de una persona famosa es inevitable y hay que entender que es noticia y se considera información relevante. Y a la vez es una de las situaciones más delicadas a las que nos enfrentamos. Muchas personas se identifican vital y emocionalmente con las celebridades. Especialmente en los años de juventud de configuración de la propia personalidad. El impacto de la muerte de una figura “modélica” puede ser tan grande que se intenten seguir sus pasos. Hay que redoblar los esfuerzos en la sensibilización, tanto de los periodistas como de la población a la que informa. Con los medios, para que sean precavidos, que no sean repitan la noticia si no es necesario, ni dramaticen, pero que tampoco lo normalicen. No transmitir la idea de que el suicidio es una “solución lógica” a los problemas. Y al igual que con los famosos, también con casos de menores que pueden provocar empatía entre su mismo grupo de edad. Los casos de maltratadores también son recurrentes considerando el “silencio” que suele imperar en los medios. De nuevo se considera información relevante. Pedimos que se minimice la descripción, la justificación y su presencia en la información.

El espeso silencio que hay en la sociedad se vive con rutina en las redacciones de los medios de comunicación. Los periodistas que hacen la ronda diaria de llamadas a las Fuerzas de Seguridad, Bomberos y Servicios de Emergencia toman datos de accidentes, homicidios o incendios, pero no de los suicidios. Es llamativo.
“El suicidio no es noticia” es una de las normas básicas de las redacciones, figura en los libros de estilo y es lógico, tanto por el asunción del “efecto Werther” como por que los periodistas son parte de la sociedad a la que informan, en la que hay un manto de silencio sobre el suicidio. Lo malo es que se ha convertido en tabú y hoy sabemos que tenemos que poner las cartas sobre la mesa y sentar a toda la sociedad a hablar sobre suicidio: la mala noticia es que es un fenómeno en crecimiento, la buena es que podemos prevenirlo. El suicidio puede ser resultado de muchos factores, en los que es cierto que los medios pueden influir en el riesgo. Pero también son grandes aliados para esa prevención. La evidencia científica muestra resultados positivos cuando los periodistas han colaborado.

¿De qué manera se puede revertir esa rutina para que los medios potencien su aspecto de servicio público a la sociedad, en ese caso, concretado en la prevención de suicidios entre la población
Frente a “Werther”, hace unos años se habla del “efecto Papageno”. Es un personaje de La flauta mágica, la ópera de Mozart, que por amor quiere suicidarse. Pero tres amigos le convencen de que no lo haga y decide vivir. Buscamos que los medios rompan el tabú y hablen del suicidio. Y lo hagan de una forma responsable y adecuada. Cumpliendo las recomendaciones básicas para evitar el efecto “contagio”, como no ser sensacionalistas ni normalizar el suicidio, no usar imágenes ni hablar del contexto, el método o el lugar. Además, concienciar sobre el alto impacto del suicidio en nuestra sociedad, en especial en jóvenes, que eliminen mitos como que quien anuncia que se va a suicidar sólo busca llamar la atención y no lo hace. Y sobre todo es básico que ofrezcan información sobre dónde encontrar ayuda. Si quien accede a la noticia está en un momento de crisis pueden salvarle la vida informando sobre recursos como el Teléfono de la Esperanza de Málaga (952-261500) Y la información también sirve para que familiares y allegados puedan detectar una situación de crisis y solicitar ayuda. 

¿Qué recomendaciones hace la OMS para el tratamiento informativo de estos sucesos?
Además de las que he citado, que se basan en el proyecto Euregenas y la Organización Mundial de la Salud, hay un elemento que a veces se olvida en los medios: El respeto ha de extenderse a las personas que han perdido a un ser querido, que además están en una situación de vulnerabilidad y con mayor riesgo de intentar el suicidio. Hay que respetar la privacidad, el proceso de duelo y los sentimientos de familiares, amistades y conocidos, tanto a la hora de entrevistarlas y buscar información como a la hora de publicarla. En definitiva, reflexionar sobre el equilibrio entre el derecho a la información de la población frente al riesgo de perjudicar gravemente a otras personas. Una reflexión que sirve también sobre cómo informar sobre el suicidio.