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martes, 7 de febrero de 2023

Voluntariado en el Teléfono de la Esperanza, una pequeña isla de humanidad


                                                                  Claudina Rodríguez


Claudina Rodríguez Candia

Psicóloga voluntaria del Teléfono de la Esperanza de Málaga

El voluntariado es materializar esa capacidad innata que todos tenemos y con la que todos venimos, la solidaridad. Soy de Paraguay vivo y trabajo allí, me ha tocado, por cuestiones de la vida, hacer un año y medio de voluntariado en el Teléfono de la Esperanza de Málaga, lo que me llenó de nuevas experiencias y consolidó mi fe en las capacidades del ser humano.

He descubierto un pequeña isla de humanidad, personas excepcionales, seres solidarios que unidos llevan adelante la asociación desde hace casi 50 años. He descubierto que el voluntariado aquí en el Teléfono de la Esperanza de Málaga es un compromiso y una responsabilidad, pues ayudar a personas que están sufriendo es serio y requiere muchas horas de formación y crecimiento personal, para ayudar a otros a comprenderse, a sentirse escuchados y contenidos.

He conocido a personas con 40 años de voluntariado en el TE, otras que llevan 20, 15, 10 años de voluntarias, otros como yo, menos de 2 años; lo cierto es que cada uno puede en este espacio dar lo que tiene, ese sentido solidario que a su vez da sentido a la vida, a su vida. Es ese plus que no se paga con dinero lo que se recibe como voluntario, la satisfacción de saber que cada hora donada ha colaborado para que alguien se sienta mejor y encuentre herramientas para la gestión de su sufrimiento.

Es como una gran máquina de relojería, que funciona con muchas piezas, todas igual de importantes para llevar adelante la tarea de cuidar la salud emocional de toda la polación de Málaga, aunque hace mucho que ha llegado a otras ciudades y países el alcance del trabajo que realiza esta asociación.

Lo que me aporta

Me ha aportado el valor de la capacidad de ayudar, esa que es moviliza fuerzas, intuiciones profundas, y revoluciona con formas creativas nuevas y frescas herramientas para ayudar a otros a comprender lo que sienten.

He conocido personas de esas que son imprescindibles para el mundo, quienes me han dado lo mejor que tienen, sus conocimientos, sus habilidades, pero sobre todo esa capacidad de empatizar y generar vínculos Desde ahí he podido hacer mi aportación a la gran misión que tiene el Teléfono de la Esperanza a través de muchos programas y proyectos pensados siempre para alcanzar a todo aquel que esté atravesando circunstancias difíciles de procesar emocionalmente. 

                    Claudina Rodríguez en la despedida de sus compañeros

Mi voluntariado

He estado en el Programa la Brújula de la Esperanza’ para personas mayores en situación de soledad.  Cada semana he llamado a los participantes durante 16 meses, me he vinculado pudiendo escuchar sus historias de vida, sus experiencias y todo lo que tienen para contar. Esos mayores me han enseñado lo importante y pertinente que es el trabajo del TE y cuanto importa el contacto humano aunque sea por teléfono.

Chat de la Esperanza

Estoy en el programa ‘El Chat de la Esperanza, que está dirigido especialmente a adolescentes y jóvenes con ideación suicida o por cualquier otra crisis emocional. Es la aventura más apasionante a la que pude embarcarme, ya se han atendido a más de 4000 personas que escriben mediante la aplicación llamada “Conéctate.social”. Es gratuita para bajarla desde cualquier móvil; el Teléfono de la Esperanza ofrece un espacio en el que se puede chatear con orientadores capacitados y entrenados para la ayuda profesional. Es un desafío que está tomando fuerza y se va impulsando a más.

En los institutos

He conocido a jóvenes y adolescentes en varios institutos yendo a darles charlas sobre autoestima e  inteligencia emocional. Hay un alto índice de suicidio en estas edades, chicos que llenos de vida nos agradecen de corazón llevar esa información valiosa para estos tiempos vertiginosos en el que las emociones no son lo relevante o no se les da la importancia debida. He podido conectar con chicos y chicas que viven situaciones extremas en las que no ven otra salida más que el suicidio, chicos que luego de una conversación por chat agradecen de corazón haberlos ayudado a comprender lo que sienten, a buscar alternativas a la muerte y a despertar la vida que hay en ellos.

Yo seguiré siendo voluntaria del chat desde mi país gracias a las nuevas tecnologías, para seguir aportando mi granito de arena. Estoy convencida de que ‘El Chat de la Esperanza’ tendrá un impacto significativo en quienes nos escriben.

Aliento a jóvenes y adultos, hombres y mujeres a sumarse a esta gran familia que es la Asociación Teléfono de la Esperanza que ayuda a dar calidad en la salud emocional de las personas en Málaga y España y formar parte del voluntariado.

Es más lo que he recibido y aprendido para mi vida y para mi profesión que todo lo que pude dar en este espacio de voluntariado en el que cada actividad está pensada y organizada para que todos podamos crecer como personas y dar en nuestra justa medida.

Muchas gracias a quienes me invitaron a formar parte, a cada uno de mis compañeros y compañeras por esa calidad humana que alimenta el alma y ayuda a cambiar el mundo. Gracias al Teléfono de la Esperanza de Málaga por generar espacios vitales en donde otro mundo más empático es posible. 

sábado, 24 de abril de 2021

Recomendaciones del psicólogo Juan Manuel Martín para hacer frente a la tristeza y la depresión

 



Juan Manuel Martín es psicólogo y voluntario en el Teléfono de la Esperanza desde el año 2000. En estas dos décadas viene dedicando su tiempo en la asociación a escuchar a las personas en la consulta, impartir talleres y formar a otros voluntarios. 

El pasado 7 de abril estuvo en el programa 'Estamos a tu lado' que el Teléfono de la Esperanza realiza cada miércoles en Canal Málaga Radio. Juan Manuel y Manuel Montes, orientador del teléfono y conductor del programa, abordaron que la emoción de la tristeza, que puede ser pasajera, y la depresión, más profunda y con una forma de tratarla diferente.

En el audio que os dejamos aquí, podéis escuchar toda la intervención en la que Juan Manuel explica la forma de abordar cada una estas situaciones que se nos pueden presentar en la vida a cualquier persona.


Audio

         El psicólogo Juan Manuel Martín en el espacio 'Estamos a tu lado'

lunes, 29 de marzo de 2021

Jesús García Toribio, un psicólogo a la escucha activa desde 1977



Jesús García Toribio, profesional de la Psicología, participó el pasado 17 de marzo en el espacio 'Estamos a tu lado', en el que Manuel Montes, orientador del Teléfono de la Esperanza, y Juan Sánchez, presidente, conversan con diferentes voluntarios sobre su trayectoria y de cuestiones relacionadas con la salud emocional.

García Toribio ha desarrollado una vasta labor en consutas, coordinación de la formación de los voluntarios e impartición de cursos y talleres. Durante décadas ha formado en el arte de la escucha activa a la que "no es un tanto una técnica como un actitud de apertura al otro, empatizar y saber comprender el momento de crisis por el que pasa".


En el enlace de abajo podéis escuchar el programa que tiene una duración de 23 minutos.


'Estamos a tu lado' con Manuel Montes, Juan Sánchez y Jesús García Toribio

Escucha activa en el Teléfono de la Esperanza

martes, 25 de agosto de 2020

Vulnerables: infancia, adolescencia y jóvenes


Foto: https://www.elsoldepuebla.com.mx/


Ana Manrique
Psicóloga del Teléfono de la Esperanza

En mi artículo 'Vulnerables o respetables', dedicado a los ancianos, prometí hablar del grupo de población dee menos edad que en circunstancias muy especiales ha vivido la situación de confinamiento y vive la actual pandemia.
Seguro que hemos conocido, oído o sabido del acontecimiento de algún nacimiento durante estas  circunstancias, bebés que han abierto sus ojos a un mundo que se presentaba diferente para nosotros, pero que será su mundo de ahora en adelante para ellos. Un nacimiento en estos momentos es transcendente. Y mucho.
Estos bebés llegan al seno de familias con progenitores más o menos  jóvenes. Y darán sus primeros pasos, pronunciaran sus primeras palabras, aprenderán sus primeros hábitos con ellos.
Sabemos que antes de la pandemia, buena parte de esta población “más o menos joven” se enfrentaba a problemas de adaptación social, de proyección de futuro, de transición de conceptos, de aceptación de límites, de control de impulsos, de adicciones no sólo a substancias que alteran estados de conciencia, sino a hábitos o conductas que son insanas para su salud mental o emocional.
Y también, ya antes de la pandemia, los profesionales se preocupaban de cómo la sociedad ha generado estímulos materiales-socio-económicos, excesivamente apetecibles para los jóvenes, sin haber tenido en cuenta su formación para su uso y disfrute. Tantos y tan diversos estímulos desde la infancia, sin adultos preparados para guiar sus límites y control, han saturado a nuestros jóvenes con una sobreinformación, que ha producido en ocasiones un colapso en sus mentes. Un considerable porcentaje de esta población joven (infancia, adolescencia y jóvenes sin preparación) han pasado el confinamiento expuestos a través de las tecnologías a todos estos estímulos. Sin nadie que les proteja, a veces en soledad, agravando así sus hábitos de alimentación y sueño.

Necesitamos acercarnos a esos jóvenes, a esos niños, a esas familias que asisten atónitas a trastornos de comportamiento de sus hijos y  que, tanto unos como otros, tienen infinitas preguntas y sentimientos sin responder. Escucharlos con atención y apertura de nuestras mentes, sin miedos, para generar en ellos la confianza suficiente, que les transmita con consciencia y sentido común, la forma de manejar  los cambios que se avecinan en una economía menos consumista, y la adaptación con sus propias herramientas a la “nueva normalidad” en la que vivirán.   Así sabrán por ellos mismos, dar la pincelada humana y compasiva, que cada decisión o conducta necesite, y puedan desenvolverse con la plenitud y seguridad para enriquecer sus vidas.
Ayudémosles a dejar de sentirse vulnerables, torpes o sin recursos efectivos para tomar la rienda de sus vidas.

jueves, 11 de junio de 2020

Aprendiendo a practicar la escucha activa con el Teléfono de la Esperanza





Todos los años en el mes de junio, ‘El tiempo de la esperanza’ se reúne con Ana Manrique, coordinadora del grupo de alumnos de Psicología que hacen prácticas durante el curso en el Teléfono de la Esperanza. El estado de alarma por la pandemia ha impedido esta vez la cita con los futuros psicólogos que aprenden del día a día en nuestra asociación con voluntarios y usuarios que vienen buscando ayuda. No ha habido encuentro personal, ni foto de grupo, pero hemos recibido los testimonios de las participantes en el Practicum a través de WhatsApp
Clara Ávalos Díaz, de 39 años, y Matilde Elisa Aba Romero, de 56 años, alumnas del último curso de Psicología en la UNED, nos cuentan su itinerario por los cursos y talleres y lo que descubrieron en sus sesiones prácticas de coescucha de las personas que llaman pidiendo ayuda.
Clara Ávalos eligió hacer las prácticas con nosotros porque buscaba una ONG y el Teléfono de la Esperanza fue “altamente recomendada” por la Universidad y los psicólogos a los que sondeó. También influyó su interés por todo lo relacionado con el suicidio.
Matilde Elisa Aba tenía conocimiento de la labor que realiza el teléfono como ONG. “Me gustaba su corte humanista. Consideré que dentro de la mención escogida, Piscología Clínica, me podía aportar una gran experiencia dada la variedad de personas que acuden solicitando ayuda, una casuística amplia y representativa de los problemas que cotidianamente podría encontrarme como profesional de la Psicología”.
La formación práctica que han recibido ha sido amplia e intensa, a pesar de que a mitad de marzo, el estado de alarma obligó a suspender todas las actividades presenciales en la sede.
Clara hizo los cursos ‘Conocerse para Crecer (Módulo 1)”, ‘Suicidio’, ‘Técnicas Proyectivas Infantiles: Dibujos’  y ‘Aprender a Ayudar’. Matilde, por su parte, realizó ‘Desarrollo Personal’
Las dos participaron en los talleres ‘Inteligencia Emocional’, ‘Mindfulness’, ‘Ansiedad y Estrés, ‘Alegría de Vivir’ y ‘Aprender a ayudar’.

Talleres que enriquecen
Las alumnas aprecian el valor de la escucha activa como técnica para empatizar y ayudar a las personas. “Lo que valoro más de mis prácticas es el haber aprendido la gran importancia de la escucha activa. Gracias a ella estos talleres funcionan más como “terapias de grupo” haciendo que cada uno de los miembros expongamos nuestras experiencias con total confidencialidad, confortabilidad y respeto”, resume Clara.
Su compañera Matilde ha aprendido mucho de lo vivido de forma experiencial en los talleres. De cada uno de ellos se lleva algo para enriquecer su experiencia para la Psicología Clínica. En ‘Inteligencia Emocional’ aprendió más sobre el manejo de sus propias emociones y cómo relacionarse con los demás.
“Las considero fundamentales para poder alcanzar la felicidad en esta vida”, detalla. También potenció su aprendizaje sobre las relaciones interpersonales el Taller de Mindfulness, una técnica que ya conocía.
El paso por el curso ‘Desarrollo Personal’  y su seguimiento posterior no pasa desapercibido para nadie. Matilde comenta que ha aumentado su capacidad “para detectar emociones, creencias y poder expresarlas. Conocerme con más profundidad. Mejorar mi capacidad de observación, un mayor conocimiento del ser humano e integrar nuevas habilidades para el desarrollo y puesta en práctica de técnicas y procedimientos en un contexto de grupo”.
El Taller Aprender a Ayudar es un hito importante en la formación de nuestros voluntarios y las alumnas del Practicum lo vivieron como algo muy enriquecedor. Reflexionaron sobre el hecho de que somos seres sociales y como tales necesitamos ayuda. Matilde Elisa Aba quiere resaltar que “cuando hablamos de ayuda también tenemos que hablar de encuentro y de reciprocidad, no sólo necesitamos ayuda de los demás , los demás también necesitan que les ayudemos, pero si lo haces con espontaneidad, autenticidad y dando de ti lo mejor que tienes, el efecto es prodigioso, doblemente terapéutico, no sólo consigues ayudar a alguien que en ese momento se puede sentir vulnerable, frágil y necesitado, sino que tu ser se enriquece y tu energía vibra más alta, te conviertes en mejor persona”.
El ‘Taller Ansiedad y Estrés’  le enseñó técnicas para mejorar la autoestima, cambiar pensamientos disruptivos y de relajación, e integración del conocimiento teórico y práctico sobre las emociones y la gestión del estrés y el ‘Taller la Alegría de Vivir’ potenció en ellas ese sentimiento tan humano de que la vida, con sus vaivenes y dificultades. “La vida puede ser todo lo que yo quiero que sea, que lo importante es la actitud con la que comienzas cada día y que todo lo que hay alrededor es necesario para que exista”.




A la escucha de los llamantes
Hay un lugar silencioso y acogedor en el Teléfono de la Esperanza donde cada día del año, a cualquier hora, suena el teléfono y alguien al otro lado busca ayuda, luz, un horizonte en los momentos de sufrimiento o de confusión. Acaso solo soltar pesadas cargas vitales o sentirse acompañado en la soledad de su vida. Clara Ávalos recuerda lo que descubrió estando presente. “Ha sido una experiencia muy reveladora. Uno tiene la falsa creencia que al teléfono sólo llama gente con grandes crisis, sobre todo crisis suicidas. Sin embargo, la gran mayoría de las llamadas son de gente que simplemente quieren hablar, que se sienten solas y es éste el único recurso que tienen. Lo que más me ha impresionado es la cantidad de gente que se siente “sola”, en especial personas de la tercera edad”.
A su compañera Matilde le estimuló la enseñanza de los orientadores y el hecho de saber que ella misma podía contar con ellos si lo necesitaba. Ella misma participó en la atención haciendo la coescucha y la recuerda como una experiencia “muy grata y reconfortante”. Es así cuando se consigue que “la persona al otro lado del teléfono esboce una sonrisa, se relaje y se quede tranquila al saber que no está sola y tiene alguien a quien poder contarle lo que le ocurre, sin juicio y con todo el respeto del mundo”.
De los casos que tuvo que escuchar, los relacionados con el suicidio son los que más me le impresionaron. Concretamente tuvo que gestionar con el orientador la llamada de una madre que temía que su hijo pudiera suicidarse. “Hicimos todo lo que el protocolo recomienda y espero que todo acabase bien”, detalló.
Para Clara fue un descubrimiento lo que ella denomina “las voces silenciosas del llamante”. “Se trata de una persona que tiene un Trastorno Mental muy explícito –aclara- y escuchas a sus padres de fondo, o bien incitándole a que hable con nosotros, o pidiendo disculpas por “molestarnos. En estos casos los que realmente solicitan la ayuda son los cuidadores”. 

Ayudadores que fueron ayudados
Escucha activa y aprendizaje sobre el crecimiento personal de cada uno. Así funciona el voluntariado del Teléfono de la Esperanza. “No tenía conocimiento de que esto fuera así. Creo que no hay mejor formación que la vivencial” y “Desde luego que no es lo mismo tener el conocimiento teórico que haber vivenciado determinadas situaciones extremas o con un impacto emocional fuerte”. Las alumnas en prácticas valoran así el hecho de que muchos de los voluntarios recibieron ayuda anteriormente para superar sus crisis personales.

La coordinadora, agradecida
Ana Manrique, psicóloga coordinadora de las prácticas, observó durante el curso el acercamiento que las alumnas hacen a las situaciones y casos reales que, de la sociedad, llegan al Teléfono de la Esperanza.  “Al principio con cautela y es esto lo que más me gusta de los alumnos –explica- porque considero que descubren la importancia de la intervención tranquila, paciente que se hace en la sede.
Poco a poco van tomando otra actitud tanto en la asistencia a cursos y talleres como en la escucha que han participado”.
Cada año Ana Manrique disfruta con los temas y análisis de las situaciones que hace con sus alumnas en los seminarios que han desarrollado. Este año ha sido especial porque “de repente llegó la Navidad, y sin darnos cuenta la pandemia, y también de repente empezamos a trabajar en la distancia y encontramos la forma de completar, su práctica de escucha, desarrollo de casos, informes y las memorias”. La coordinadora del Practicum está agradecida ­ Clara y Elisa, “por haberme facilitado el desarrollo de estos tres últimos meses. Ha sido gratificante haberos conocido”. 






jueves, 13 de junio de 2019

El placer de aprender a ayudar a los demás


El 2 de junio tuvo lugar la última sesión de formación de los alumnos de la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga que han hecho el Practicum desde octubre pasado en el Teléfono de la Esperanza. 
Los estudiantes compartieron con 'El tiempo de la esperanza' lo aprendido y vivido gracias a su contacto con los diferentes departamentos de la asociación. Todos destacan la importancia del aprendizaje constante y el crecimiento personal de los voluntarios que atienden a las personas que llaman por teléfono y asisten a los cursos y talleres.
A Carlos Suárez, uno de estos alumnos en prácticas, le pareció "curioso" que se de mucha formación a los orientadores que atienden las llamadas de teléfono "cuando es menos intrusivo que la terapia" y valoró especialmente "lo que aporta la personalidad de cada voluntario a su estilo terapéutico en la relación paciente-terapeuta".
Rosario Rey también participó en la coescucha -una experiencia práctica de acompañar al orientador cuando atiende a un llamante- y la escucha de las personas con problemas. "El problema más destacado era el de la soledad. Me llamó la atención que muchos que llamaban estaban solos. Tenían mucho malestar y necesitaban comunicarlo, hablar con alguien", resumió.
Los futuros psicólogos tuvieron la oportunidad de vivir esos momentos de cercanía y calidez con las personas sufrientes en la distancia y ver como actuaban voluntarios de muy diversos perfiles profesionales y personales. Javier Dávila se queda con lo compartido por Felisa del Pozo, religiosa y una de las voluntarias más veteranas del Teléfono de la Esperanza en Málaga. "Desde el principio aporta mucha confianza. Puede parecer directa, pero sabe cuando dejar de hablar y cuando dar solución al problema. Es rápida y resolutiva y he aprendido de ella".
María Cortés tiene muy presente lo aprendido en su periodo de coescucha y escucha durante los últimos meses. "Me ha aportado tomar un posición ante alguien que viene a pedirme ayuda. Esta experiencia me hace ver que estoy ahí para ayudar y redirigir la actitud ante el problema que se presenta. Puedo poner en práctica técnicas y estrategias aprendidas".
Rafael Arévalo pudo comprobar que "hay personas que llaman porque quieren confirmaciones sobre lo que hacen. Quieren que se les diga si o no a algo. Se les ve con dudas por indecisión combinadas con la soledad". También tuvo la oportunidad de tomar contacto con los llamados 'llamantes crónicos'. "Los habituales son un poco dependientes del Teléfono de la Esperanza, es como si fuéramos su familia. Muchos de ellos tienen problemas físicos o enfermedades y no tienen red de apoyo".
Ana Manrique, psicóloga y voluntaria, coordinó a los alumnos desde octubre y siguió su evolución. Destaca la importancia que tiene el hecho de que "los psicólogos tratamos con personas, con sus inconvenientes y tragedias. Nos formamos para darles herramientas en sus vidas. Es la historia de un psicólogo en su desarrollo profesional".
En esta completa etapa de formación, los estudiantes han participado en talleres y cursos en los que se forman los propios psicólogos y voluntarios en general, junto a personas que vienen al Teléfono de la Esperanza a aprender de salud emocional. Varios de ellos completaron el curso 'Conocerse para crecer' en régimen de fin de semana internos y seguimiento durante diez semanas. Rosario Rey detalla que ha sido "un curso largo que me ha aportado poder conocer a personas que estábamos ahí para conocer más de nosotros mismos. En mi caso, me he interesado más acerca de mi y mis reacciones".
Cela Abolafio tiene frescas en su memoria las experiencias vividas en las dinámicas de ese curso. "Se ven muchos problemas emocionales de las personas. Aprendí de mi misma en la dinámica de la 'Silla vacía' con Juan Sánchez. 'La barca' me aportó ver como me condiciona la posición de los miembros de mi familia y con 'La careta' vemos como vamos por la vida". Una de las ideas claras que se lleva después de este periodo es "la importancia de tratarnos nosotros antes de tratar a los pacientes".
En todos los talleres en los que participaron descubrieron la importancia de abrirse a los demás, a personas con problemas o con inquietudes sobre crecimiento personal similares. El Taller 'La alegría de vivir' coordinado por José Portillo, fue valioso para Carlos Suárez. "Me fui metiendo poco a poco y ya cada semana necesitaba ese momento de la sesión del taller. Vi dinámicas relacionadas con el mundo real que nunca he visto en la carrera. Todas las personas se conocen, se relacionan y se habla mucho de pasiones y de valores".
Pedro Arredondo fue uno de los participantes en el Taller 'Inteligencia Emocional', coordinado por Carlos López, un espacio muy interesante para que cualquier persona aprenda a gestionar sus emociones. "Se aborda desde el punto de vista de la gente, no de los académicos", señala. También tiene un recuerdo especial para el grupo 'Entre Amigos',actividad coordinada por Esperanza Muñoz y un grupo de voluntarias, en el que descubrió "la disposición de la gente a compartir cosas buenas e información con los demás de forma gratuita. Se habla de temas que no se suelen tratar en general y se adaptan a personas sin formación".
Del paso por la casa del Teléfono de la Esperanza, Javier Dávila, se queda con "la labor gratuita del voluntariado y ver como personas que vinieron pidiendo ayuda, la recibieron y se han quedado ayudando a los demás".
Pedro Arredondo destaca el clima de confianza que los voluntarios dieron a la relación con los estudiantes de Psicología. "Se nos invitó a que estuviéramos como en nuestra casa". "Hemos visto el placer de ayudar a los demás y aplicar esa ayuda y eso nos gusta", concluye Rafael Arévalo.

martes, 24 de julio de 2018

Ana Muñiz, psicóloga del Teléfono de la Esperanza: "Ser voluntario es una actividad que engancha"


Foto: Plataforma del Voluntariado de España


Ana es psicóloga y trabajadora del Servicio Andaluz de Empleo en Sevilla. Desde hace años acude semanalmente a realizar su labor como voluntaria en el Teléfono de la Esperanza. Allí presta oídos -y el resto de los sentidos- a quienes se encuentran al otro lado. Ana ha sido confidente de situaciones límite, historias de superación; testimonios que escucha con la sincera intención de acompañar a quienes han perdido la esperanza. 
La siguiente entrevista a Ana Muñiz, psicóloga, formadora y voluntaria del Teléfono de la Esperanza de Sevilla, ha sido realizada por la web de la Plataforma del Voluntariado de España.
¿Cómo llegaste al Teléfono de la esperanza?
De una manera fortuita. Yo trabajo en el Servicio Andaluz empleo y uno de mis jefes era el presidente del Teléfono de la Esperanza. Fue él quien me habló de esta organización, de las actividades que hacían y también, debido a mi formación como psicóloga, me gustaba mucho esto de la intervención a través del teléfono. Frente a lo que yo mejor conozco, la terapia psicológica a largo plazo, en la que tienes que hacer un seguimiento a una persona, el Teléfono aborda situaciones puntuales donde puedes escuchar muchas historias diferentes. Finalmente, un día me acerqué a las oficinas, y me quedé. Mi experiencia, además -lo sé por mí y por las otras personas voluntarias que colaboran conmigo- es que el Teléfono engancha.
¿Qué haces en el Teléfono de la Esperanza?
Ahora mismo, hago lo que más me gusta; coger el Teléfono, para la intervención en crisis. Me han ofrecido otros puestos de más responsabilidad, pero a mí lo que me gusta es la base de todo esto, el teléfono en cuestión. Aparte imparto formación a otras personas voluntarias. O sea, llevo las dos líneas, intervención en crisis y formación de nuevos voluntarios. 
¿Tú también has recibido alguna preparación? 
Sí, todos hemos recibido una formación específica. El teléfono es muy delicado. Cuando hacemos entrevistas a personas que se acercan, que desean hacer tareas voluntarias, algunos dicen: “Bueno, quiero ayudar ahora que he dejado de estudiar en verano o me he quedado parado, hasta que encuentre algo.” Y claro, escuchar a personas que tienen un problema grave, algo muy serio que les bloquea, no se puede afrontar de cualquier manera. Tienes que estar preparado de una forma profunda y específica para ello y en el Teléfono de la Esperanza a eso se le da mucha importancia.
¿Que preparación se da a los voluntarios?
Se necesita una preparación de un año y mucha gente cuando se entera de este requisito, se desanima. El aprendizaje consta de tres cursos, cada uno con equipos diferentes, con sus prácticas y obedecen a una formación integral. Se supone que cuando acabas ya estás capacitado para coger el Teléfono y ofrecer la ayuda que se pretende. Finalmente, en mi caso, tras muchos años atendiendo el teléfono, he acabado dando esa formación, algo me resulta apasionante y me gusta. Entonces para estar en el Teléfono es evidente que hacen falta otras cualidades, aparte de saber escuchar... Claro. Todo el mundo que se acerca con el deseo de ser voluntario, lo primero que te dice es “Sí, yo sé escuchar muy bien”. Y yo siempre les respondo qué les volveré a hacer la misma pregunta cuando acabemos la formación. Porque una cosa es lo que identificamos en la calle como una buena escucha, y otra cosa es trabajar en base a una escucha de calidad, con los cinco sentidos, aquí y ahora. Es evidente que se necesitan otras cualidades, otras habilidades y sobre todo las ganas de estar ahí, y abrir tu mente a la persona que llama.
¿Qué otras actividades de voluntariado se hacen, aparte de la atención telefónica?
La base de nuestra organización es la escucha y la intervención en crisis en el momento puntual en que la persona tiene un problema y llama. Esta es la base. Toda persona voluntaria que llega, debe pasar por el teléfono y captar la esencia de la intervención en crisis. Contamos con un servicio de intervención psicológica, compuesta por voluntarios psicólogos, encargados de llevar aquellos casos que necesitan una terapia que va más allá de la llamada que, a todas luces, resulta insuficiente. También se hacen cursos de educación y prevención para la salud. Están enfocados a toda la ciudadanía, a la resolución de problemas, la gestión de situaciones de estrés y de ansiedad, así como a situaciones de duelo o pérdida...
¿Crees que hay actividades que deberían ser abordadas desde las instituciones y no por personas voluntarias?
Es una pregunta que crea mucha controversia. Yo sé, por el trabajo que hacen las personas voluntarias, que a veces están supliendo necesidades que deberían estar cubiertas por profesionales, funcionarios del estado, o empresas privadas... Todo el engranaje quizás se aproveche de la existencia del voluntariado. Es muy difícil saber dónde está la línea en la que debe participar o no la persona voluntaria. El caso es que debería existir más ayuda por parte del Estado y de las instituciones en general.
Os sentís desbordados algunas veces...
En el Teléfono de la Esperanza conforme te vas introduciendo en un tema, en una situación, van surgiendo otros. Es entonces cuando te dices: “No soy yo quien debería dar solución a esto”. Hace un año por ejemplo empezamos a prestar ayuda a los familiares y a las víctimas de accidentes de tráfico. Esto era así porque desde el estado no se les daba suficiente apoyo o atención. La problemática era tal que cuando nos derivaron a todas las víctimas, a todos los familiares, para que los escucháramos, nos sentimos muy desbordados. La demanda nos superaba y claro, no podíamos dedicar toda nuestra atención a un solo colectivo. El Teléfono es para todas las personas que lo necesitan. En casos como éste y en muchos otros, creo que se tira mucho del voluntariado, más de lo que se debiera.
¿Qué se necesita para hacer voluntariado aquí?
Ganas. Principalmente, muchas ganas. Hay personas que llegan con una gran formación, porque son psicólogos o abogados, saben escuchar muy bien y creen que ellos van a solucionarle la vida a la gente... pero no. No se trata de eso. En el Teléfono no le solucionamos la vida a nadie. Aquí escuchamos, no damos consejos, ni le decimos a la gente lo que tiene que hacer. Escuchamos con los cinco sentidos y acompañamos en el proceso de crisis.


martes, 21 de noviembre de 2017

Alumnos de un máster del Colegio de Psicólogos harán prácticas en el Teléfono de la Esperanza




El Teléfono de la Esperanza y el Colegio de Psicólogos de Andalucía Oriental firmaron el pasado 14 de noviembre un convenio de colaboración gracias al cual esta corporación profesional enviará alumnos de Psicología a hacer prácticas en nuestra asociación. Estas se llevarán a cabo dentro del Máster Internacional en Emergencias.
El convenio fue rubricado por Mariano Vera Mariano Vera, decano del Colegio de Psicólogos, y Aurelia González Alonso, psicóloga clínica en representación del Teléfono de la Esperanza.
Por otra parte, cada año, entre octubre y junio, un grupo de alumnos de la UMA y la UNED hacen prácticas en nuestra asociación. Los alumnos tienen la ocasión de formarse con profesionales y voluntarios y participar en diversos cursos y talleres que se imparten.


Leer más:

"Me ha llamado la atención el altruismo que hay aquí y el voluntariado de los profesionales"
http://eltiempodelaesperanza.blogspot.com.es/2017/06/el-altruismo-que-hay-aqui-es-una-pasada.html

martes, 29 de agosto de 2017

Violencia de género: claves para detectarla y qué hacer para salir de ella



Victoria Souviron
Psicóloga voluntaria en el Teléfono de la Esperanza

En lo que va de año 36 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas. Además, 18 menores han quedado huérfanos. La violencia de género constituye una lacra social que lejos de detenerse, avanza de manera preocupante. Prueba de ello es el Pacto de Estado alcanzado recientemente por todos los partidos políticos con el objetivo de frenar un horror que afecta en sus múltiples caras, y muchas veces de manera silenciosa, a miles de mujeres en España.
Mientras los poderes públicos toman medidas, es necesario que la sociedad y en especial las mujeres que están en riesgo conozcan a fondo cuáles son los mecanismos y señales de alerta de este fenómeno machista que pretende someter y dominar a la mujer en muchos casos hasta la muerte, para así actuar de la manera más eficaz posible. En este artículo vamos a hacer un recorrido por el complicado laberinto del maltrato a la mujer para aprender a detectarlo y saber cómo actuar en caso de estar sufriéndolo.

¿Cómo detectar si estás siendo víctima de malos tratos?
Antes de la primera bofetada, la violencia contra la mujer se va gestando en el seno de la relación de forma lenta pero peligrosamente firme. La mayoría de las víctimas de malos tratos no reconocen lo que les está pasando hasta que éstos son ya una manifestación clara de agresión física.
Sin embargo, desde mucho antes de que se produzca el primer golpe existen señales claras de que se está produciendo violencia machista. Si no se para a tiempo alejándose del maltratador, las agresiones llegarán también tarde o temprano. Estas son algunas de las señales que indican un claro riesgo:

Te amenaza, te insulta y te desprecia: Frases como “no vales para nada”, “eres una inútil”, “nadie te va a querer más que yo” o “cómo hagas esto, te enteras” son algunos de los ejemplos de humillación y falta de respeto que indican maltrato psicológico, antesala del maltrato físico.

Destroza tus pertenencias personales: Romper cosas tuyas o de la vivienda, hacerle daño a las mascotas, perder a propósito tus pertenencias o tirarlas a la basura es otro de los signos de violencia machista.

Te aísla de tu familia y de tu entorno social: Criticar constantemente a tus amigos y a tu familia, impedir que vayas con ellos o poner siempre excusas para que no acudáis a eventos familiares y sociales hasta que te veas alejada de ellos es también un importante signo de alerta.

Te controla la forma de vestir y el dinero que gastas: El control sobre tu imagen (peso, vestido, maquillaje, peinado, etc…) y sobre tu economía es una clara maniobra de sometimiento y control machista.

Te obliga a prácticas sexuales que no son de tu agrado: No te deja negarte a mantener relaciones sexuales aunque no te apetezca o tienes que hacer lo que él te pide en la intimidad, porque de lo contrario te castiga con reproches o con el silencio.
La mujer que está sufriendo alguna de las situaciones descritas puede y debe denunciar a su agresor para que la Justicia la ampare. No es necesario que haya violencia física para ir a la policía o al juzgado. La denuncia es una garantía de protección. Para muchas mujeres es difícil denunciar a sus parejas porque le tienen miedo o lástima, pero es importante hacerlo para evitar males mayores. Y, en cualquier caso, de romper la relación cuanto antes de forma definitiva y sin contacto con él.

¿Cuándo suele darse el salto a la violencia física?
Por lo general, el agresor pasa a la violencia física cuando la pareja ha creado unos lazos difíciles de romper de un día para otro. Existen numerosos estudios que indican que la primera patada o el primer golpe llegan después de iniciarse la convivencia en común, tras el matrimonio, con el embarazo o al nacer el primer hijo, de ahí la importancia de no comprometerse con un hombre que ha dado señales previas de maltrato psicológico.
A partir de ahí, se inicia un círculo vicioso que consta generalmente de tres fases. La fase de tensión en la que la crispación va en aumento, la explosión de la violencia, en la que se produce la agresión, y finalmente, la etapa conocida como “luna de miel”, en la que el agresor pide perdón, promete que va a cambiar y hace algunas manifestaciones falsas de amor, para a continuación volver a la etapa de tensión y repetir el ciclo una y otra vez, llevándose por delante la autoestima de la mujer hasta dejarla psicológicamente hundida, sumida en el miedo y emocionalmente muy debilitada, con sentimientos de culpa e inutilidad.

Falsos mitos de la violencia de género
Llegados a este punto, es necesario desmontar algunos de los mitos construidos alrededor de la violencia de género y que sirven de argumento a muchas mujeres para no abandonar a sus parejas y/o denunciarlas a pesar de sufrir malos tratos:

Él me quiere, pero es que a veces pierde los papeles. Esto es un completo error. El agresor no ama a su mujer, sólo pretende dominarla y someterla, porque la considera un ser inferior de su propiedad.

Va a cambiar. Por mucho que prometa una y otra vez que no va a volver a ocurrir, el círculo del maltrato se repetirá. Las promesas de cambio son estrategias para seguir teniendo sometida y engañada a la mujer.

No lo dejo por mis hijos. Los menores que viven en una familia en la que hay malos tratos también son víctimas de ellos, sufren situaciones traumáticas que dejan profundas secuelas psicológicas y es muy posible que en el futuro repitan pautas de conductas que aprendieron en la infancia y se conviertan en maltratadores o maltratadas.

¿Qué pasos hay que dar para salir de la situación?
Compartir lo que se está viviendo con alguien de máxima confianza. Es importante expresar el problema a algún familiar o amigo para que te apoye y te acompañe en el proceso de ruptura y recuperación psicológica.
Acudir a las instituciones públicas que se dedican a trabajar la violencia de género. Desde allí guiarán a la mujer en todo el camino que debe recorrer. Existen múltiples canales: teléfono, internet o atención presencial en tu ayuntamiento, comunidad autónoma y gobierno central.
Denunciar al agresor ante la policía o el juzgado para obtener una orden de alejamiento y estar protegida en caso de que se acerque. En muchas ocasiones, la mujer perdona al agresor y retira la denuncia, lo que entraña un claro riesgo para su integridad física y psíquica, ya que el nivel de violencia, lejos de disminuir, suele aumentar con el consiguiente peligro para la víctima.
Tomar medidas de autoprotección para ti y tus hijos. Lleva siempre un teléfono móvil contigo y vincula los teléfonos de emergencia (112, 091 y 062) a una tecla de marcación rápida. Toma medidas de seguridad en casa y en la calle. No vayas por sitios poco iluminados o transitados y evita todo tipo de contacto con el agresor por cualquier medio o canal.

¿Dónde acudir en busca de información y ayuda para romper con el maltrato?
Existen numerosos recursos para las víctimas de violencia de género a nivel estatal, autonómico y municipal, donde te asesorarán en todos los aspectos: legales, económicos, psicológicos y sociales.

Teléfonos 24 horas al día, 365 días al año:
016 (Ministerio de Igualdad, Servicios Sociales e Igualdad)
900 200 999 (Instituto Andaluz de la Mujer)
010 (Servicios Sociales y de Igualdad Ayuntamiento de Málaga)
Teléfono de la Esperanza: 952 26 15 00

Webs:


App LIBRES (Aplicación móvil para sistemas Android y IOS para las mujeres que sufren violencia de género o su entorno)




martes, 6 de junio de 2017

"El altruismo que hay aquí es una pasada y me ha llamado la atención el voluntariado que hacen los profesionales"






LAS FRASES:

“Impacta tomar contacto con el sufrimiento ajeno y ver como se reciben las llamadas de suicidas” (Ana Giraldez)

“El altruismo que hay aquí es una pasada. Me ha llamado la atención el voluntariado que hacen los profesionales” (Esteban Corral)

“Participé en el curso ‘Conocerse para crecer’ y nunca he hecho un curso como ese, con tanta implicación emocional. Es alucinante la confianza que ganan las personas entre ellas en pocas horas” (Sandra Belmonte)

“Me ha gustado mucho la utilidad terapéutica. La gente que participa en los cursos y talleres comparten sus experiencias y se ayudan entre ellos” (Benjamín Pérez)

“Los seminarios son muy profesionales. La intervención en crisis de suicidio me aporta bastante. Estoy agradecida. He aprendido mucho” (Ángela Pérez)

Un grupo de alumnos de Psicología de la Universidad de Málaga y la Universidad Nacional de Educación a Distancia tuvieron el pasado 31 de mayo la última sesión de su periodo de prácticas en el Teléfono de la Esperanza de Málaga. Los estudiantes han sido tutorizados por nuestra compañera Ana Manrique. Durante los siete meses que han estado con nosotros han asistido a los seminarios semanales con Ana, han participado en diversos talleres, entre ellos los de ‘Ansiedad y estrés’, ‘Bioenergética’ y ‘Atención plena’ y en los cursos ‘Conocerse para crecer’ y ‘Crecer para ayudar’, además del seminario de relación de ayuda. Estos dos cursos y el seminario forman parte del extenso y exigente período de formación que cada voluntario orientador cumple antes de coger el teléfono por primera vez y atender a una persona. De la mano de Ana Manrique, los estudiantes han tenido la ocasión de practicar la coescucha permaneciendo durante numerosos turnos de atención junto a los orientadores. 

“Impacta tomar contacto con el sufrimiento ajeno y ver como actúan los orientadores, cada uno con su estilo, su personalidad y su carácter. Te sirve para aprender a controlarte tú. Las llamadas de los suicidas son muy impactantes”, señala Ana Giraldez, una de las alumnas.

Dos de las alumnas participaron en el Taller de Atención Plena

A pesar de que pronto van a ejercer profesionalmente como psicólogos y buena parte de ellos aspiran a hacerlo en consultas, no habían tenido contacto hasta ahora con alguien sufriendo una crisis personal. “Las emociones mandan  en la vida más de lo que parece” apunta Esteban Corral, alumno de la UMA, que también tuvo la ocasión de dar información al público en el stand del Teléfono de la Esperanza en la Muestra del Voluntariado.
“Se suele asociar lo que le pasa a una persona con un estímulo o emoción, pero eso es relacionarte con esa emoción sin profundizar en que es lo que la produce”, destaca Esteban.

Otro aspecto que le hace mostrarse “encantado” de la experiencia vivida es “el enfoque de las intervenciones que se hacen en el teléfono. Es como la Psicología cognitiva-conductual, pero con matices y diferencias. En los talleres se nota muchísimo la actividad grupal. Hay sintonía entre las personas, se abren y eso es terapeútico”.
Impactada con la profundidad del curso ‘Conocerse para crecer’ se muestra Sandra Belmonte. “Nunca había hecho un curso con tanta implicación emocional. Es alucinante la confianza que se produce en las personas en pocas horas para poder contarse cosas que, a lo mejor, no le cuentan a sus mejores amigos”.

Psicólogos que se cuidan
Los miembros de este entusiasta grupo de Practicum valoran especialmente el trabajo que hacen los psicólogos del Teléfono de la Esperanza cuidando su propia salud emocional. “La filosofía del Teléfono de la Esperanza y Ana Manrique nos enseña a cuidarnos para poder cuidar a los demás. El crecimiento personal de las personas es algo que ni se menciona en la carrera”, explica Carmen Burgos que cada semana llegaba entusiasmada al seminario a pesar de que se desplazaba a Málaga desde Cuevas de San Marcos, a cien kilómetros de la capital. Está satisfecha de haber participado en los talleres de ‘Gestión de Emociones’ y ‘Comunicación Positiva’ y valora “lo terapéutico de las meditaciones que hemos practicado. Todo esto ha sido un regalo que me ha hecho la vida”.


Esteban Corral y Ana Giraldez en la XIV Muestra del Voluntariado

Altruismo
La cercanía, la entrega y el estar a disposición de las personas son las actitudes de los psicólogos que ofrecen su tiempo voluntario más valoradas por Esteban Corral. “El altruismo que hay aquí es una pasada. Me ha llamado la atención la actividad voluntaria de los profesionales. Eso no veo que lo haga un notario”.
Sandra Belmonte agradece lo aprendido de dos de los psicólogos, Ana Manrique en sus seminarios, y Antonio Badillo en el Taller de Bioenergética que considera “magnífico”.

La escucha
La formación en la escucha activa y el contacto con los orientadores fue otra de las etapas claves en el periodo de prácticas. "Fue un acercamiento a la realidad del sufrimiento", cuenta Benjamín Pérez. Los orientadores le transmitieron los grandes vacíos que peciben escuchando a las personas. Benjamín tomó contacto con "la incomunicación y a soledad de gente que no se siente comprendida. Hubo días y horas en los que llamaban más personas, por ejemplo, después de comer y cuando había varios días seguidos de mal tiempo".
La experiencia de estar en contacto con los orientadores que atienden el teléfono le permitió conocer la situación de un llamante en crisis suicida, que fue atendido varias veces y también la forma en la que los orientadores tratan los casos de los llamados "crónicos", personas que solicitan ayuda o simplemente desahogarse de forma periódica y constante. Varios orientadores invitaron a los alumnos de Psicología a aportar sus criterios sobre esas situaciones repetitivas.
Sandra Belmonte admite que al principio le sorprendió el hecho de que los orientadores no sean profesionales de la Psicología, pero "conocí a muchos de ellos y lo importante es que están formados para la escucha activa que es lo que necesita la mayoría de las personas".
Finalmente, varios de los participantes en este periodo de prácticas tuvieron la ocasión de conocer las sesiones del programa 'Entre Amigos' que reune dos veces al más a un gran grupo de personas para potenciar sus habilidades sociales, hacer amistades y aprender a cuidar su salud emocional.