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martes, 8 de agosto de 2023

Un taller que iniciamos en septiembre enseña a perdonar a otros y perdonarnos a nosotros mismos

 




Las relaciones entre los seres humanos están salpicadas de roces, tensiones o conflictos. A veces la situación llega a ser insostenible y dejamos de hablarnos con una compañera, amigo, familiar o pareja. Entonces expresamos nuestra rabia, rencor o dolor con frases del tipo "no le vuelvo a dirigir la palabra" u "olvido, pero no perdono". En ese escenario, el perdón se nos antoja como una cesión o pérdida de derechos que no podemos permitirnos.

Sin embargo, el perdón por el daño que nos han hecho otros e incluso hacia nuestros comportamientos negativos ofrece una importante liberación si somos capaces de llevarlo a cabo. José Portillo lo explicó con claridad en 'El perdón, una decisión que libera del sufrimiento'.


El próximo 18 de septiembre, Portillo comenzará a impartir el Taller 'El Perdón' que tendrá una duración de ocho sesiones semanales


Descripción del taller

  • Sientes rencor y resentimiento hacia la persona que te ha causado daño
  • Te cuesta trabajo eliminar el dolor e integrar esas situaciones lesivas para ti
  • Crees que perdonar es justificar o aceptar comportamientos improcedentes de otras personas
  • Crees que puedes perdonar, pero no olvidar
  • No sabes como perdonarte a ti mismo comportamientos negativos
  • Piensas que si perdonas estás perdiendo derechos

Objetivos

  • Identificar los sentimientos de rencor, rabia o dolor que puedes tener hacia otras personas, transformarlos y desprenderte del dolor
  • Aceptar y entender que tanto los demás como tu mismo, podéis equivocaros y cometer errores
  • Restaurar los pensamientos, los sentimientos y los comportamientos positivos hacia la parte infractora, recuperar tu equilibrio y bienestar interior 


Taller 'El Perdón'

Inicio: 18 de septiembre

Duración: 8 sesiones semanales. Lunes de 18.3h a 20h

Última sesión: 6 de noviembre

Coordina: José Portillo

Inscripciones: 952 65 26 51




https://acortar.link/cG6gwY

jueves, 20 de julio de 2023

El perdón, una decisión que libera del sufrimiento

 



José Portillo, orientador y dinamizador de talleres del Teléfono de la Esperanza.

¿Qué nos sucederá si no perdonamos a quienes nos han hecho daño? Perpetuaremos el daño recibido de nuestros victimarios, nos será prácticamente imposible desprendernos del resentimiento, y quizás desearemos vengarnos de quienes nos ofendieron.

Perdonar no consiste en olvidar para no recordar, ya que quienes olvidan, al no tener nada que recordar, tampoco tienen nada que perdonar. Olvidar equivale probablemente a vivir muchas veces una misma experiencia sin extraer ninguna enseñanza de la misma. Una señal inequívoca de la capacidad de perdonar, es recordar los errores cometidos y las ofensas recibidas sin rencor y sin perder la paz interior.

Perdonar tampoco consiste en poner la otra mejilla. Las personas que adoptan esa actitud, cargan con las culpas que no creen tener para no prolongar las situaciones problemáticas. Esto les hacer sentirse  personas apáticas, desilusionadas y cómodas, pues, aunque no dejan de creer que se cometieron injusticias contra ellos, no se atreven a dar los pasos necesarios para resolver sus situaciones conflictivas. Quienes se dan por vencidos a la hora de intentar resolver conflictos recurriendo al perdón, se frustran e incluso pueden experimentar deseos de vengarse de sus ofensores.

Aunque no podemos minimizar el daño que se nos ha hecho, gracias al perdón, tenemos las oportunidades necesarias de cambiar el significado de nuestros conflictos.

Independientemente de que quienes nos hicieron daño merezcan ser perdonados, no merecemos vivir sufriendo por lo que no podemos cambiar. Por otra parte, quienes recibieron la enseñanza de sus victimarios de que carecen de valía personal, al perdonarse y contemplarse desde el amor, también perdonan a sus ofensores, porque su rencor, que es dependiente de su dolor, ha disminuido  mucho. Esto ocurre no porque se lo han exigido, sino porque, al perdonarse, no aceptan como verdades descriptivas de sí mismos las críticas autodestructivas comprendiendo que cada cual es responsable de sus pensamientos, y saben que no son lo que nadie cree de ellos, sino lo que creen y saben que son.

Finalmente, reflexionemos sobre el hecho de no ver el perdón

como una imposición moral, sino como una decisión liberadora

del sufrimiento, que sucede cuando deseamos dejar de sufrir y

trabajamos para sanar nuestras heridas.


miércoles, 1 de mayo de 2019

Carmen Reche dictará la ponencia "Perdona, para ser feliz" el próximo sábado en 'Entre Amigos'



Avanza el programa 'Entre Amigos', que dos sábados al mes, el primero y el tercero, congrega en nuestra sede a un grupo de personas dispuestas a seguir aprendiendo sobre sentimientos y emociones, divertirse y entablar amistades.
El sábado 4 de mayo, Carmen Reche, hablará sobre la importancia de perdonar para ser feliz.
Si quieres saber algo más sobre las claves del perdón y el papel que juegan ofensor y ofendido en este proceso que cada uno vive de manera muy personal, te invitamos a leer los artículos que Esperanza Muñoz, coordinadora de 'Entre Amigos' publicó en este blog en agosto de 2017. En el primero de ellos, 'El perdón. Ofendido y ofensor', explicó las figuras del ofendido y el ofensor y la actitud que debe tener el ofensor para que se puedan a empezar a sanar las heridas.
En un segundo post, Muñoz abordó la importancia de la actitud del ofendido para perdonar la ofensa y el poder de ser una persona feliz que encierra tomar una decisión difícil pero liberadora.
'El perdón. Una decision valiente que da paz interior'.

Te esperamos el sábado en nuestra sede para hablar sobre el perdón y compartir como lo vivimos cada uno de nosotros.


martes, 22 de agosto de 2017

El perdón. Una decisión valiente que da paz interior (y 2)



https://es.pinterest.com/explore/perdonar-frases/


Esperanza Muñoz
Coordinadora del programa 'Entre amigos' en el Teléfono de la Esperanza

Hay ofensas que por proceder de las personas a las que más queremos, provocan un profundo dolor. Creemos que los seres amados serán los que mejor nos tratarán y velarán por nuestro bien. Y ante lo que vivimos como una ofensa, se añade el desconcierto de preguntarnos qué ha llevado al otro a agredirnos de esa forma o a no hacer lo que esperábamos de él/ella, siendo tan ciego a nuestras necesidades del momento.
Sin embargo, no debemos olvidar que cada uno de nosotros se rige por sus propias leyes, prioriza según el momento de la vida en que se encuentra, y tiene sus propias vivencias, necesidades y expectativas.
Una ofensa puede tener un componente trágico, en la medida que hiere una relación, convirtiendo en estéril la dedicación afectiva anterior. Es como un desengaño que modifica lo que antes estaba intacto, queriendo recomponerlo, pero que parece imposible conseguir.
Puede hacernos sentir al ofensor como a un extraño o incluso el mismo ofensor sentirse como un extraño ante la reacción del ofendido, no sabiéndose bien en algunas circunstancias quien es uno u otro: ofensor u ofendido, indistintamente. En esta situación, hace falta una importante dosis de comprensión, de serenidad y ternura, para poder mirar en ambas direcciones, contemplar la posibilidad de que cada uno tiene una parte de responsabilidad en el conflicto y comprenderse y perdonarse a uno mismo, a la vez que se perdona y comprende al otro.

El perdón como actitud
“Una historia de guerra cuenta que dos amigos y soldados fueron apresados y conducidos a un campo de concentración donde estuvieron 22 meses. Al finalizar la contienda, fueron liberados, se reincorporaron a su nueva vida y no se volvieron a ver hasta transcurridos 12 años. Entonces, un amigo le preguntó al otro si había superado el odio y recibió como respuesta que no, que todos los días recordaba, odiaba y no perdonaba. Y el otro repuso:
Yo, en el mismo día que me liberaron me liberé de cualquier odio, lo que supone que yo llevo libre 12 años, mientras tú sigues encadenado”. (Relato de un libro de Javier Urra).

Sin embargo, y pese a las dificultades que conlleva el perdonar y las distintas circunstancias que lo hacen más o menos posible; el ser humano tiene una capacidad inmensa para superar las dificultades y para superarse a sí mismo, cuando parece que todo está perdido.
Es en esta y para esta capacidad de perdonar trabajamos en esta institución llamada Teléfono de la Esperanza. Para recuperar el ser perdido o mejor dicho extraviado que somos y confiando en el poder de superación que se nos ha sido dado, como capacidad divina, poder llegar a mejorar nuestra existencia y por extensión la de los que nos rodean.
El perdón, es posible aun cuando no se den las condiciones expuestas (actitud del ofensor para obtener la reconciliación), y el ofensor no tenga intención, ni por asomo, de reconocer su ofensa y mucho menos pedir perdón por ella. O sencillamente, porque no viva o no está en nuestro medio, como el relato anterior.

El poder de ser felices
Lo más asombroso del poder que tenemos para elegir ser felices o no: perdonar depende fundamentalmente e independientemente de la actitud del ofendido.

Tomando palabras textuales del libro: “Perdonar, una decisión valiente que nos traerá la paz interior” de Robin Casarjian: “El perdón solo requiere un cambio de percepción, otra manera de considerar a las personas y circunstancias que creemos que nos han causado dolor y problemas.”
El perdón es una decisión, la de ver más allá de los límites de la personalidad de otra persona, de sus miedos, idiosincrasias, neurosis y errores, la decisión de ver una esencia pura, no condicionada por historias personales, que tiene una capacidad ilimitada, y siempre es digna de respeto y amor”.
Quien percibe así al ser humano, siempre lo sentirá digno de respeto porque ve más allá de sus condicionantes, ve las posibilidades de esa persona si hubiera podido desarrollar sus potencialidades originales.
Por tanto, el perdón es una actitud que supone estar dispuesto a hacernos responsables de nuestras propias percepciones y de la seguridad de que estas percepciones, a su vez están condicionadas por nuestras vivencias y la forma en la que las interpretamos.
Cuando elegimos cambiar nuestra perspectiva por una visión más profunda, más amplia y abarcadora, podemos reconocer y afirmar la mayor verdad de quienes somos y quiénes son los demás.
Por tanto, el perdón es una forma de vida, que nos convierte gradualmente de víctimas de nuestras circunstancias en poderosos y amorosos co-creadores de nuestra realidad. En otras palabras, es trabajar para modificar las percepciones que obstaculizan nuestra capacidad de amar.

https://es.pinterest.com/explore/perdonar-frases/


Soltando la tensión
Cuando perdonamos, soltando la tensión de la defensa, y el ver al otro como al enemigo, solemos tener sentimientos de paz, amor, apertura del corazón, alivio, expansión, confianza, libertad, alegría y la sensación de estar haciendo lo correcto.
Este tema tiene mucho más que analizar. Por ejemplo, discernir bien lo que es y no es perdonar y lo que supone o no el hacerlo. Podemos estar dispuestos a perdonar a alguien que nos agrede o agredió, pero esto ni por asomo quiere decir que permitamos que vuelva a agredirnos ni las conductas que alimentan dicha agresión.
En un tono más suave y por poner un ejemplo, podemos perdonar a un amigo porque desveló una intimidad que le revelamos, pero a la vez decidir no volverle a confiar nuestros secretos.
Las vacaciones ponen ante nosotros multitud de ocasiones para practicar lo dicho. Podemos leer y saborear los libros que aquí se mencionan, y decidir trabajarlos en el día a día. La convivencia durante más horas de lo habitual con la pareja, los hijos, la familia que comparte días con nosotros, amigos, y ciudadanos en general, nos mostrarán en cuantas ocasiones, las percepciones, deseos, expectativas nuestras y de los otros, tendrán que llegar a un acuerdo. De nada vale plantearse si debemos ser los primeros en practicar el perdón, pues debe ser el primero el que tiene capacidad de hacerlo, lo cual pone en evidencia nuestro auténtico poder. Éste no es dominar sobre el otro, o llevar la razón, sino el ir adquiriendo la sabiduría, la templanza y la inteligencia tan traída y llevada “emocional” como para ser capaces de modificar nuestras percepciones abriéndonos a las de los que nos rodean. Acaso no eso lo que planteaba el filósofo Eric Fromm, en su clásico libro ‘El arte de amar’?
Independientemente de cual sea nuestra historia, única y especial, el perdón contiene la promesa de que encontraremos la paz que deseamos, la liberación del poder que ejercen sobre nosotros las actitudes y los actos de otras personas.

Bibliografía:
'El perdón' de Francesc Torralba


'Perdonar, una decisión valiente que nos traerá la paz interior' de Robin Casargiana 





martes, 15 de agosto de 2017

El perdón. Ofendido y ofensor (1)





Esperanza Muñoz

Coordinadora del programa 'Entre amigos' del Teléfono de la Esperanza



“Dime como reaccionas ante las ofensas que recibes, y te diré quién eres”, dice Francesc Torralba en su pequeño libro: 'El Perdón'. Desde luego, en nuestra vida cotidiana tenemos muchísimas oportunidades de practicar esta disposición humana, que va en relación directa con la madurez y capacidad de amar de la persona.
“El perdón, no es el fruto de una casualidad. Es un acto humano, expresión de la más profunda libertad, una manifestación de la creatividad. No acontece de una manera instintiva o mecánica. Es consecuencia de un esfuerzo, de un acto deliberado y porfiado de la voluntad que ha sido capaz de superar el orgullo herido”.
Podemos reflexionar sobre nuestra disposición, y sobre las oportunidades que este tiempo estival nos ofrece para ponerlo en práctica.
Hay que decir que situaciones, ofensas, heridas muy graves, han de ser tratadas de forma que puedan salir de nuestro inconsciente. La rabia y la ira que originaron acciones pasadas y como las percibimos, fueron quizás reprimidas, sin que le hayamos prestado la atención necesaria para que puedan curar y sentirnos liberados de ellas. En este caso, lo mejor es hacer este trabajo acompañados por alguien (un profesional o amigos) que nos ayude a encauzarlo adecuadamente.

Los componentes de la ofensa
El principal motivo para perdonar, es liberarnos de los efectos debilitadores de la rabia y el rencor crónicos. Emociones muy fuertes, que desgastan nuestra energía de muchas maneras. Esta rabia y rencor, son en realidad sentimientos superficiales que tapan otros más profundos, y que tantas veces, nos negamos a ver: el deseo de ser reconocidos, amados, mirados, valorados.
Pero analicemos cuáles son los componentes de la ofensa.
La ofensa: es el agravio, el objeto que ha desencadenado nuestro malestar, la piedra que sentimos que el otro lanza contra nosotros. O la ausencia de una acción que esperábamos (por omisión).
No existen barómetros o sistemas objetivos que puedan medir la herida que la ofensa causa en el interior de una persona. Algunas se olvidan fácilmente, pero otras quedan enquistadas en el universo mental, como un veneno que lo contamina todo. Una ofensa mal asumida, puede aflorar en cualquier momento.
Pero podríamos preguntarnos: ¿la misma ofensa dirigida hacia una persona u otra, provoca la misma reacción? Es obvio que no. Por tanto, podríamos decir con Francesc Torralba: “La ofensa está íntimamente ligada a la epidermis, la sensibilidad moral individual”.

El ofendido
Es una persona que ha tenido una historia, unas experiencias, muchas de ellas satisfactorias, otras muchas desagradables. Al vivir estas experiencias, ha asumido una serie de aprendizajes, de ideas sobre sí mismo y sobre el mundo que le rodea y su interpretación. En la medida en que vivamos al mundo y a los seres con los que nos relacionamos, como hostiles, como que quieren arrebatarnos algo que poseemos, y por tanto tengamos la necesidad de defendernos al vernos amenazados, así reaccionaremos ante la auténtica o supuesta ofensa.
“Una persona madura, es aquella que es capaz de integrar las ofensas con una determinada flexibilidad; esforzándose al máximo para que le afecten lo menos posible”
De ahí la famosa frase: “No ofende quien quiere, sino quien puede”
“El hombre más libre es aquel que sabe liberarse de las ofensas y vivir relajadamente su relación con los demás. Esta libertad exige una independencia interior, y una distancia crítica hacia el mundo”.
Es decir, no podemos vivir dependientes de las expectativas que nos hacemos sobre lo que “deben” darnos los amigos, la pareja, los hijos, los padres… De esta forma, nos ofenderemos fácilmente al no obtenerlos. Si, por el contrario no esperamos nada de los otros y lo que recibamos, lo aceptamos como un regalo, nuestra satisfacción será mayor.
Para poder hacer esto, tendremos que trabajar en varios sentidos:
Reconocer nuestras propias necesidades. Previamente, estaría bien que depuráramos si son tales necesidades o responden a impulsos no meditados para tapar vacíos que tenemos sin elaborar.
Pararse a observarlas y sin juzgarlas, comprender que son eso: “nuestras”, y por tanto para que el otro pueda (si quiere) satisfacerlas, tendrá que conocerlas. Lo contrario supondría (ingenuamente) que adivinen lo que queremos o pero aún que creemos que los que nosotros necesitamos, es también exactamente lo que el otro necesita.
Esto exige una buena comunicación por nuestra parte.
“Para conocer bien a una persona, hay que observar la manera con que encaja las ofensas que ha sufrido y como las depura en su vida social”.

El ofensor
Digamos que es posible vivir sin ofender, si se tiene mucha sensibilidad, atención en el trato y respeto hacia los demás. Claro que el que esta persona exquisita no ofenda, puede no depender de ella, sino de la hipersensibilidad del ofendido, que según su grado de madurez y seguridad puede interpretar de cualquier forma el mensaje recibido.
Si el ofensor no tuvo intención de ofender, todo podría aclararse con una simple conversación. Pero esto no siempre es posible. El pudor, a veces una falsa humildad, o un hiper-yo, hacen imposible cualquier aclaración, sino que se da por supuesta la mal intención sin oportunidad de réplica. En este caso el ofensor, no sufre en absoluto o sí, si es sensible al malestar del otro. Pero desde luego quien se lleva la peor parte, es el ofendido, que sin causa aparente tiene su desazón interior.

Actitud del ofensor para obtener la reconciliación
Ante una ofensa, el ofensor puede experimentar vivencias desazonadoras vinculadas al dolor, el remordimiento, la pena, la culpa. Pero el perdón genuino no se otorga por estas razones, sino al adquirir conciencia del sufrimiento del ofendido, es decir, se haga consciente del mal que ha causado. Esta conciencia está alimentada con la prudencia y la humildad y lleva a una acción doble:
Confesión ante uno mismo y con la persona agredida. Esto conlleva la voluntad de asumir las consecuencias según la vivencia del otro y el respeto a su veredicto, es decir, a su voluntad de aceptar en ese momento, la disculpa, o no.
Esta confesión, no es una mera información, sino un mensaje verbal, que tiene la intención de devolver su dignidad a la persona a quien se ha pisoteado. Aunque realmente la pérdida de dignidad depende del receptor (no lo llamo ahora ofendido), cuya dignidad no podrá arrebatarle nadie, si él/ella así lo estima.
Con la petición de perdón, se completa finalmente la confesión. Ante una petición de perdón sincera, al ofendido se le presentan dos opciones vitales:
Otorgar el perdón, o no concederlo.
Al conceder el perdón, se puede caer en 2 errores:
Apresurarse sin dar importancia a sus propias emociones y sentimientos, y por tanto sin respetarse a sí mismo/a, esto provocará que la herida pueda abrirse de nuevo en otro momento. El proceso del perdón, tiene su tiempo, según la magnitud de la ofensa.
Caer en la mezquindad de querer que el otro se humille una y otra vez, a la espera de ser perdonado cuando su voluntad decida. Nada más lejos de la lógica del perdón, que es fruto maduro de un alma sensible y generosa.

Bibliografía:

'El perdón' de Francesc Torralba

'Perdonar, una decisión valiente que nos traerá la paz interior' de Robin Casargiana 


El próximo martes 22 de agosto, publicaremos la segunda parte de esta reflexión sobre el perdón con el título 'El perdón. Consecuencias de la ofensa en la relación'.

martes, 20 de junio de 2017

La fuerza liberadora del perdón


Hermanos de Ignacio Echeverría. http://cadenaser.com/ser

Juan Sánchez, presidente del Teléfono de la Esperanza de Málaga, habló sobre el ejercicio del perdón en las relaciones personales en su intervención semanal en Onda Azul Radio el pasado 12 de junio. "Psicológicamente es difícil pero posible. Es un ejercicio que tiene más de inteligencia que de generosidad. Es firmar la paz contigo mismo y con los demás. Es un actitud y un proceso".
Durante su diálogo con Celia Bermejo y Antonio Ismael, conductores de 'Málaga al día. La tercera hora', Juan Sánchez explicó que el perdón "no es justificar lo que me han hecho". Por otro lado, perdonar supone sirve para dar salida a sentimientos negativos que hacen mucho daño a la persona que los sufre. La ira, el rencor y el estado de irascibilidad pueden llegar a somatizarse y tener efectos muy negativos para la salud.
Las diversas y complejas relaciones que mantienen las personas con sentimientos negativos como el odio y el rencor también fueron abordados."He visto casos de personas que se mantienen unidas a otras a través del sentimiento de odio. Les resulta más difícil olvidar, estar liberado. Parece difícil, pero es así. A veces hay personas que no paran de luchar -contó Juan Sánchez- y lo que hay debajo es sensibilidad, pero no pueden ser sensibles porque eso los muestra débiles y lo han vivido así desde pequeños".
El ejercicio del perdón es muy necesario y muy sano, y para vivirlo de forma liberadora es bueno "ver ideas irracionales que alimentan ese daño o dolor e ir cambiándolo. Se puede perdonar incluso sin decirle nada al destinatario, pero consigo mí paz interior".
En la tertulia se abordó la actitud positiva de la familia de Ignacio Echeverría, el español que murió ayudando a un policía frente a los terroristas de Londres. En este caso, "la actitud de la familia fue muy positiva. Les fortalece mucho el hecho de ser personas de fe y se les ve con calma. Son capaces de no irracionalizar, enfocar el dolor a aspectos que les dan paz interior".
Al final de su intervención, Juan Sánchez valoró la importancia de la fe religiosa o de otras perspectivas morales y éticas a la hora de hacer frente a los sentimientos negativos.

Charla sobre el perdón (a partir del minuto 15.44):