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lunes, 24 de junio de 2013

La vida es más importante que una crisis


Un total de 14 estudiantes de Psicología de la Universidad de Málaga y la Uned han acabado este mes su Practicum, período de prácticas, que han desarrollado en el Teléfono de la Esperanza desde el pasado mes de octubre. 
Durante nueve meses han tenido la ocasión de tomar contacto directo con la realidad del día a día de nuestra organización. Los estudiantes han hecho el curso 'Conocimiento de sí Mismo' y han participado en los talleres de Autoestima, Ansiedad y Educadores Hoy. Además, han tenido la ocasión de conocer desde dentro los seminarios en los que nuestros orientadores se preparan y tuvieron la oportunidad de practicar la coescucha, esto es, estar junto a  los orientadores cuando atienden por teléfono a personas en crisis.
El pasado 13 de junio, El tiempo de la esperanza mantuvo un encuentro con nueve de las alumnas y Ana Manrique, profesional de la Psicología y voluntaria en el teléfono. Ana se mostró "muy satisfecha por la experiencia vivida con ellas. Los conocimientos teóricos que tienen los han complementado con casos reales, diagnósticos e informes. Han obtenido un punto de formación importante".

Testimonios. Estos son los testimonios de nueve meses de prácticas y experiencias que han marcado a todas las participantes.

No es un call center. Una de las alumnas más jóvenes, Sandra, pensaba que "aquí había muchos teléfonos a los que atender y era una especie de call center. Me gusta la Psicología humanista del teléfono y los talleres eran cercanos a la filosofía, llegaba a mi casa y debatía con mi familia. Las prácticas en la UMA son ejercicios de papel y lápiz. Aquí tuve contacto con la realidad. Me llamó la atención que llamaba gente joven con mucha tristeza. No me esperaba esas situaciones".

Humanismo. Yolanda nos contó que lo que más le gustó de la experiencia es que "los orientadores aportan su personalidad en la atención a las personas. Unos son más enérgicos, otros más dulces y de todos hemos aprendido. Ha sido muy positivo tener contacto con la Psiclogía humanista del Teléfono de la Esperanza. En la UNED te inculcan una Psicología cognitiva".



Desarrollo personal. Carmen agradece la oportunidad de hacer las prácticas en nuestra asociación porque "en la UNED no tenemos. Teníamos desconocimiento sobre el Teléfono de la Esperanza y ahora he conocido el trabajo tan importante que hace en el desarrollo de las personas".

Aceptarse uno mismo. Otra de las participantes en el Practicum, Sara, expresó su satisfacción porque "en la carrera se transmite una distancia entre psicólogo y paciente y estas prácticas he descubierto la importancia de aceptarnos, de conocernos nosotros antes de escuchar a otros. Yo me he conocido más y soy más consciente de lo que puedo ofrecer y de lo que carezco".

Empatía. A la periodista y estudiante de Psicología, Victoria, el Practicum le ha aportado el descubrimiento de lo que es "aceptar, comprender y ponerse en su piel, en la piel de la otra persona". "Hemos perdido el miedo y adquirido valentía y madurez. El teléfono hace una labor fantástica de ayuda a las personas".

Aprendizaje. La toma de contacto con la realidad de las personas que sufren fue una constante en los relatos de las participantes. Danila explicó que "he aprendido más que en cuatro años en la UMA" y valoró la importancia de haber participado en la coescucha y tener la escucha de las personas tan cerca. "Pensaba que todos los que llamaban estaban al borde del abismo y no es así. También me han llamado la atención los llamantes crónicos, las personas que repiten llamada constantemente".

Escucha activa. Este es uno de los grandes valores del Teléfono de la Esperanza. Margarita, masajista terapeútica, y estudiante de Psicología, destaca conocer esa técnica y todo el proceso de formación que le ha ayudado "a ser  más objetiva". También valora su propia aportación a las personas en crisis. "Te das cuenta de que les das un poquito de luz y ven las cosas desde otro lugar más positivo".

Durante la etapa del Practicum han llamado personas con problemas de soledad, incomunicación y conflictos interpersonales, algunos de ellos originados por el deterioro de su economía doméstica. Los alumnos han podido comprobar que "una crisis económica no es tan importante como para estropear una vida", en palabras de Ana Manrique, que indica que al atender a esas personas se procura "ponerles en otro punto de vista en el que las cosas pueden irles muy mal, pero ellos sentirse bien".

Comunicación. Esta palabra sintetiza la experiencia de Sonia, una mujer que trabajaba como jefa de administración en una empresa, y se lanzó a estudiar Psicología. "En la facultad nos hablan mucho de la alianza terapeútica, pero a nivel teórico. En las prácticas, he aprendido mucho sobre la comunicación y las relaciones entre las personas".

Miedo en primera persona. La experiencia ha sido "muy enriquecedora" para Ana, tanto a nivel personal como profesional y se mostró muy satisfecha con la tutoría de Ana Manrique. "Nos ha transmitido seguridad, empuje y optimismo. Ha sido un complemento muy grande". También tuvo palabras de agradecimiento para Luz Divina, otra de las psicólogas del teléfono que les formó sobre la autoestima de las personas. Además, resaltó que "te das cuenta de la realidad y tomas conciencia de los problemas de la gente. Una de las noches que estuve con el orientador, llamó una chica, víctima de violencia de género, que tenía miedo, estaba huyendo. Después de hablar con ella, se tranquilizó e iba con una amiga a presentar denuncia".

viernes, 22 de febrero de 2013

Ser uno mismo: 4 claves para la autenticidad





Antonio Badillo. Psicólogo y voluntario en el Teléfono de la Esperanza

Ser uno mismoSe ha convertido en una frase hecha que forma parte del lenguaje habitual y todo un clásico de la literatura de autoayuda. Tiene un sentido positivo cuando se expresa con intención de animar a alguien a que tome sus propias decisiones, pero también en ocasiones expresa importantes prejuicios. Y es que a menudo quien lo expresa sostiene una actitud de no tener nada que aprender de nadie, que todo lo necesario para desarrollarse lo lleva ya consigo y también como excusa para hacer lo que le viene en gana a cada momento sin tener en cuenta las consecuencias que su conducta tenga sobre los demás. Es fácil adivinar la autosuficiencia y la prepotencia que emanan de estas actitudes más frecuentes de lo deseable en la sociedad egocéntrica y narcisista en que vivimos. El verdadero sentido de la frase viene a ser otro muy distinto; ser uno mismo es un proceso complejo que puede y debe, durar toda una vida, puesto que llegar a ser uno mismo es llegar a conocerse y ésta es una tarea que nunca se concluye del todo. Es necesario conocer qué queremos ser y después ser fieles a ello, en un itinerario personal que lleva consigo un descubrimiento incesante y una corrección perpetua. 
Algunos procesos a tener en cuenta en el camino para llegar a ser uno mismo son: 

Aprender. La vida es un continuo proceso de aprendizaje; muchos de estos aprendizajes son gozosos y otros dolorosos. El dar con la clave motivadora para “aprender a aprender” es de vital importancia para vivir la vida con todas las posibilidades de plenitud de lo humano y no pasar por ella sólo sobreviviendo. Los aprendizajes que generalmente nos enseñan a ser nosotros mismos los recibimos de otras personas y acontecen muchas veces en nuestras vidas sin que los busquemos, siempre que estemos con los oídos abiertos a lo que la vida quiera decirnos. 

Desaprender. Vivimos en una época de cambios vertiginosos, tanto en lo tecnológico como en lo social.  Aprender no consiste sólo en adquirir nuevos conocimientos, sino también en saber deshacerse de los antiguos aprendizajes que ya no se adecuan a la nueva visión de la realidad. Pero en muchas ocasiones experimentamos una dificultad para deshacernos de nuestras creencias, cuando hacerlo supone asumir riesgos existenciales o bien distanciarse de figuras de apego poderosas en nuestro universo afectivo. También resulta difícil reconocer en nosotros mismos pensamientos que no son genuinamente nuestros, sino que han sido creadas por ese Otro impersonal (el grupo, la sociedad) y que mantenemos por una cuestión de seguridad. Desaprender es de vital importancia para poder ser de verdad nosotros mismos, lo que supone una cuestión de libertad afectiva, sustituir el apoyo ambiental por un auténtico autoapoyo. Será la libertad afectiva y el contacto con nuestra propia experiencia, las que decidirán la calidad de nuestros desaprendizajes. Es urgente la tarea de deshacernos de aquello que no dé la talla de nuestra estatura personal si queremos ser de verdad nosotros mismos.


Decidir. Decidir es vivir, y cada vez que tomamos una decisión tomamos la decisión más importante, la de optar por la vida. Muchas veces pensamos que decidir es simplemente hacer una comparación entre las ventajas y alternativas de diferentes opciones, sin tener en cuenta los miedos y las impresiones que anidan dentro de cada persona y que a veces se confunden con los ideales. Para tomar decisiones es necesario tener la actitud de optar por la felicidad y la vida como principios y esto que parece fácil no lo es al menos en lo relativo a las vivencias interiores, donde muchas veces nos regodeamos con los que nos culpabiliza, nos disminuye o nos condena.

El sentido de la vida. Supone desarrollar actitudes básicas en favor de la vida, que pasen por elegir la felicidad para mí mismo y para los demás, huyendo de las imágenes empobrecedoras de lo humano que nos ofrece la sociedad de hoy con fines manipuladores, que hunden la autoestima, llenan de culpabilidad e inducen a vivir la vida con negatividad. En un tiempo en que presumimos de tener la autenticidad como uno de nuestros valores supremos, sería bueno que nos atreviéramos a vivir la vida de verdad pensando por nosotros mismos, haciéndonos preguntas abiertas ante lo que nos sucede y dándonos permiso para experimentar,  en diálogo continuo con la realidad y su horizonte provocativo.