martes, 29 de agosto de 2017

Violencia de género: claves para detectarla y qué hacer para salir de ella



Victoria Souviron
Psicóloga voluntaria en el Teléfono de la Esperanza

En lo que va de año 36 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas. Además, 18 menores han quedado huérfanos. La violencia de género constituye una lacra social que lejos de detenerse, avanza de manera preocupante. Prueba de ello es el Pacto de Estado alcanzado recientemente por todos los partidos políticos con el objetivo de frenar un horror que afecta en sus múltiples caras, y muchas veces de manera silenciosa, a miles de mujeres en España.
Mientras los poderes públicos toman medidas, es necesario que la sociedad y en especial las mujeres que están en riesgo conozcan a fondo cuáles son los mecanismos y señales de alerta de este fenómeno machista que pretende someter y dominar a la mujer en muchos casos hasta la muerte, para así actuar de la manera más eficaz posible. En este artículo vamos a hacer un recorrido por el complicado laberinto del maltrato a la mujer para aprender a detectarlo y saber cómo actuar en caso de estar sufriéndolo.

¿Cómo detectar si estás siendo víctima de malos tratos?
Antes de la primera bofetada, la violencia contra la mujer se va gestando en el seno de la relación de forma lenta pero peligrosamente firme. La mayoría de las víctimas de malos tratos no reconocen lo que les está pasando hasta que éstos son ya una manifestación clara de agresión física.
Sin embargo, desde mucho antes de que se produzca el primer golpe existen señales claras de que se está produciendo violencia machista. Si no se para a tiempo alejándose del maltratador, las agresiones llegarán también tarde o temprano. Estas son algunas de las señales que indican un claro riesgo:

Te amenaza, te insulta y te desprecia: Frases como “no vales para nada”, “eres una inútil”, “nadie te va a querer más que yo” o “cómo hagas esto, te enteras” son algunos de los ejemplos de humillación y falta de respeto que indican maltrato psicológico, antesala del maltrato físico.

Destroza tus pertenencias personales: Romper cosas tuyas o de la vivienda, hacerle daño a las mascotas, perder a propósito tus pertenencias o tirarlas a la basura es otro de los signos de violencia machista.

Te aísla de tu familia y de tu entorno social: Criticar constantemente a tus amigos y a tu familia, impedir que vayas con ellos o poner siempre excusas para que no acudáis a eventos familiares y sociales hasta que te veas alejada de ellos es también un importante signo de alerta.

Te controla la forma de vestir y el dinero que gastas: El control sobre tu imagen (peso, vestido, maquillaje, peinado, etc…) y sobre tu economía es una clara maniobra de sometimiento y control machista.

Te obliga a prácticas sexuales que no son de tu agrado: No te deja negarte a mantener relaciones sexuales aunque no te apetezca o tienes que hacer lo que él te pide en la intimidad, porque de lo contrario te castiga con reproches o con el silencio.
La mujer que está sufriendo alguna de las situaciones descritas puede y debe denunciar a su agresor para que la Justicia la ampare. No es necesario que haya violencia física para ir a la policía o al juzgado. La denuncia es una garantía de protección. Para muchas mujeres es difícil denunciar a sus parejas porque le tienen miedo o lástima, pero es importante hacerlo para evitar males mayores. Y, en cualquier caso, de romper la relación cuanto antes de forma definitiva y sin contacto con él.

¿Cuándo suele darse el salto a la violencia física?
Por lo general, el agresor pasa a la violencia física cuando la pareja ha creado unos lazos difíciles de romper de un día para otro. Existen numerosos estudios que indican que la primera patada o el primer golpe llegan después de iniciarse la convivencia en común, tras el matrimonio, con el embarazo o al nacer el primer hijo, de ahí la importancia de no comprometerse con un hombre que ha dado señales previas de maltrato psicológico.
A partir de ahí, se inicia un círculo vicioso que consta generalmente de tres fases. La fase de tensión en la que la crispación va en aumento, la explosión de la violencia, en la que se produce la agresión, y finalmente, la etapa conocida como “luna de miel”, en la que el agresor pide perdón, promete que va a cambiar y hace algunas manifestaciones falsas de amor, para a continuación volver a la etapa de tensión y repetir el ciclo una y otra vez, llevándose por delante la autoestima de la mujer hasta dejarla psicológicamente hundida, sumida en el miedo y emocionalmente muy debilitada, con sentimientos de culpa e inutilidad.

Falsos mitos de la violencia de género
Llegados a este punto, es necesario desmontar algunos de los mitos construidos alrededor de la violencia de género y que sirven de argumento a muchas mujeres para no abandonar a sus parejas y/o denunciarlas a pesar de sufrir malos tratos:

Él me quiere, pero es que a veces pierde los papeles. Esto es un completo error. El agresor no ama a su mujer, sólo pretende dominarla y someterla, porque la considera un ser inferior de su propiedad.

Va a cambiar. Por mucho que prometa una y otra vez que no va a volver a ocurrir, el círculo del maltrato se repetirá. Las promesas de cambio son estrategias para seguir teniendo sometida y engañada a la mujer.

No lo dejo por mis hijos. Los menores que viven en una familia en la que hay malos tratos también son víctimas de ellos, sufren situaciones traumáticas que dejan profundas secuelas psicológicas y es muy posible que en el futuro repitan pautas de conductas que aprendieron en la infancia y se conviertan en maltratadores o maltratadas.

¿Qué pasos hay que dar para salir de la situación?
Compartir lo que se está viviendo con alguien de máxima confianza. Es importante expresar el problema a algún familiar o amigo para que te apoye y te acompañe en el proceso de ruptura y recuperación psicológica.
Acudir a las instituciones públicas que se dedican a trabajar la violencia de género. Desde allí guiarán a la mujer en todo el camino que debe recorrer. Existen múltiples canales: teléfono, internet o atención presencial en tu ayuntamiento, comunidad autónoma y gobierno central.
Denunciar al agresor ante la policía o el juzgado para obtener una orden de alejamiento y estar protegida en caso de que se acerque. En muchas ocasiones, la mujer perdona al agresor y retira la denuncia, lo que entraña un claro riesgo para su integridad física y psíquica, ya que el nivel de violencia, lejos de disminuir, suele aumentar con el consiguiente peligro para la víctima.
Tomar medidas de autoprotección para ti y tus hijos. Lleva siempre un teléfono móvil contigo y vincula los teléfonos de emergencia (112, 091 y 062) a una tecla de marcación rápida. Toma medidas de seguridad en casa y en la calle. No vayas por sitios poco iluminados o transitados y evita todo tipo de contacto con el agresor por cualquier medio o canal.

¿Dónde acudir en busca de información y ayuda para romper con el maltrato?
Existen numerosos recursos para las víctimas de violencia de género a nivel estatal, autonómico y municipal, donde te asesorarán en todos los aspectos: legales, económicos, psicológicos y sociales.

Teléfonos 24 horas al día, 365 días al año:
016 (Ministerio de Igualdad, Servicios Sociales e Igualdad)
900 200 999 (Instituto Andaluz de la Mujer)
010 (Servicios Sociales y de Igualdad Ayuntamiento de Málaga)
Teléfono de la Esperanza: 952 26 15 00

Webs:


App LIBRES (Aplicación móvil para sistemas Android y IOS para las mujeres que sufren violencia de género o su entorno)




sábado, 26 de agosto de 2017

CON OTRAS GAFAS / Unidos por la compasión




La semana posterior a la de los brutales atentados de Cataluña ha dado mucho de sí. Hemos tenido noticias de la investigación, quejas de cuerpos de las Fuerzas de Seguridad del Estado, llamadas a la unidad de los partidos políticos y testimonios de las personas que estaban en Las Ramblas durante el ataque y allegados de los propios terroristas. Además, se han extendido en la población los lógicos sentimientos de tristeza, indignación y rabia por lo sucedido. 
Los seres humanos, sin distinción de edad, sexo, etnias o religiones, vivimos a lo largo de nuestras vidas experiencias que nos hacen sentir tristeza, dolor, ira, rabia, alegría, compasión o amor, entre otras. Las situaciones de tensión y violencia son propicias para activar las emociones y hacer que se vivan a flor de piel. Cuando estas situaciones se viven de forma colectiva y se difunden a través de los numerosos canales tecnológicos existentes, se impulsa una especie de estado de ánimo general.
Las reacciones a la matanza de Las Ramblas y el asesinato de una mujer en Cambrils nos ha dejado voces, vídeos, fotos y gestos que transmiten un muestrario luminoso de lo mejor del ser humano; entrega, servicio, solidaridad, generosidad y empatía con el dolor del otro. Las televisiones nos regalaron la imagen de un hombre que dijo no ser médico, ni enfermero, ni tener preparación en cursos de socorrismo. "Me he puesto a ayudar". Otra estampa cargada de humanidad ha sido el texto dejado por un mendigo junto a las velas ofrecidas a los fallecidos. "Me tenía que haber pillado a mi (el atentado), no que han pillado a un niño de tres añitos". Un gran gesto de sensibilidad humana y grandeza lo protagonizaron los padres de Xavi Martínez, el niño de 3 años asesinado, y Driss Salym, iman sustituto de la mezquita de Rubí. Durante una concentración en ese municipio, los tres se fundieron en un tierno abrazo. Hubo un momento en el que Saly, más afectado por la emoción, fue consolado por los padres de Xavi.



La otra cara de la moneda en este mar de emociones desbordadas la han puesto en escena personas que han publicado en redes sociales y diarios digitales numerosos comentarios cargados de rencor hacia los musulmanes en general. En grupos de WhatsApp han circulado videos -generalmente anónimos y manipulados- destinados a dividir a la sociedad entre "ellos y nosotros". El objetivo era extender odio y reacciones agresivas hacia los musulmanes. Se han visto pintadas amenazantes en mezquitas y varios ciudadanos han sido agredidos cuando caminaban tranquilamente por la calle. Todo una muestra de reacciones calientes, activadas por el miedo y manejadas por sectores interesados en que crezca en la población un sentimiento de xenofobia, de odio al diferente.
La convivencia en una sociedad madura, diversa y cada vez más compleja solo puede ser armónica cuando se basa en la tolerancia y el respeto al otro. Los gestos solidarios de Las Ramblas y la grandeza de la escena vivida en Rubí nacen de la compasión que produce en los seres humanos ver sufrir el dolor en sus semejantes. El desgarro de las muertes sin sentido acerca a las personas y estimula misteriosamente la unión entre ellas. Han sido gestos que marcan caminos de esperanza para la vida cotidiana en pueblos y ciudades. Todos unidos contra el terror, el fanatismo y la intolerancia y sin concesiones al rencor que divide y enfrenta. Después de la tempestad siempre llega la calma.

Leer más:
La grandeza de un gesto (José María Olaizola)

martes, 22 de agosto de 2017

El perdón. Una decisión valiente que da paz interior (y 2)



https://es.pinterest.com/explore/perdonar-frases/


Esperanza Muñoz
Coordinadora del programa 'Entre amigos' en el Teléfono de la Esperanza

Hay ofensas que por proceder de las personas a las que más queremos, provocan un profundo dolor. Creemos que los seres amados serán los que mejor nos tratarán y velarán por nuestro bien. Y ante lo que vivimos como una ofensa, se añade el desconcierto de preguntarnos qué ha llevado al otro a agredirnos de esa forma o a no hacer lo que esperábamos de él/ella, siendo tan ciego a nuestras necesidades del momento.
Sin embargo, no debemos olvidar que cada uno de nosotros se rige por sus propias leyes, prioriza según el momento de la vida en que se encuentra, y tiene sus propias vivencias, necesidades y expectativas.
Una ofensa puede tener un componente trágico, en la medida que hiere una relación, convirtiendo en estéril la dedicación afectiva anterior. Es como un desengaño que modifica lo que antes estaba intacto, queriendo recomponerlo, pero que parece imposible conseguir.
Puede hacernos sentir al ofensor como a un extraño o incluso el mismo ofensor sentirse como un extraño ante la reacción del ofendido, no sabiéndose bien en algunas circunstancias quien es uno u otro: ofensor u ofendido, indistintamente. En esta situación, hace falta una importante dosis de comprensión, de serenidad y ternura, para poder mirar en ambas direcciones, contemplar la posibilidad de que cada uno tiene una parte de responsabilidad en el conflicto y comprenderse y perdonarse a uno mismo, a la vez que se perdona y comprende al otro.

El perdón como actitud
“Una historia de guerra cuenta que dos amigos y soldados fueron apresados y conducidos a un campo de concentración donde estuvieron 22 meses. Al finalizar la contienda, fueron liberados, se reincorporaron a su nueva vida y no se volvieron a ver hasta transcurridos 12 años. Entonces, un amigo le preguntó al otro si había superado el odio y recibió como respuesta que no, que todos los días recordaba, odiaba y no perdonaba. Y el otro repuso:
Yo, en el mismo día que me liberaron me liberé de cualquier odio, lo que supone que yo llevo libre 12 años, mientras tú sigues encadenado”. (Relato de un libro de Javier Urra).

Sin embargo, y pese a las dificultades que conlleva el perdonar y las distintas circunstancias que lo hacen más o menos posible; el ser humano tiene una capacidad inmensa para superar las dificultades y para superarse a sí mismo, cuando parece que todo está perdido.
Es en esta y para esta capacidad de perdonar trabajamos en esta institución llamada Teléfono de la Esperanza. Para recuperar el ser perdido o mejor dicho extraviado que somos y confiando en el poder de superación que se nos ha sido dado, como capacidad divina, poder llegar a mejorar nuestra existencia y por extensión la de los que nos rodean.
El perdón, es posible aun cuando no se den las condiciones expuestas (actitud del ofensor para obtener la reconciliación), y el ofensor no tenga intención, ni por asomo, de reconocer su ofensa y mucho menos pedir perdón por ella. O sencillamente, porque no viva o no está en nuestro medio, como el relato anterior.

El poder de ser felices
Lo más asombroso del poder que tenemos para elegir ser felices o no: perdonar depende fundamentalmente e independientemente de la actitud del ofendido.

Tomando palabras textuales del libro: “Perdonar, una decisión valiente que nos traerá la paz interior” de Robin Casarjian: “El perdón solo requiere un cambio de percepción, otra manera de considerar a las personas y circunstancias que creemos que nos han causado dolor y problemas.”
El perdón es una decisión, la de ver más allá de los límites de la personalidad de otra persona, de sus miedos, idiosincrasias, neurosis y errores, la decisión de ver una esencia pura, no condicionada por historias personales, que tiene una capacidad ilimitada, y siempre es digna de respeto y amor”.
Quien percibe así al ser humano, siempre lo sentirá digno de respeto porque ve más allá de sus condicionantes, ve las posibilidades de esa persona si hubiera podido desarrollar sus potencialidades originales.
Por tanto, el perdón es una actitud que supone estar dispuesto a hacernos responsables de nuestras propias percepciones y de la seguridad de que estas percepciones, a su vez están condicionadas por nuestras vivencias y la forma en la que las interpretamos.
Cuando elegimos cambiar nuestra perspectiva por una visión más profunda, más amplia y abarcadora, podemos reconocer y afirmar la mayor verdad de quienes somos y quiénes son los demás.
Por tanto, el perdón es una forma de vida, que nos convierte gradualmente de víctimas de nuestras circunstancias en poderosos y amorosos co-creadores de nuestra realidad. En otras palabras, es trabajar para modificar las percepciones que obstaculizan nuestra capacidad de amar.

https://es.pinterest.com/explore/perdonar-frases/


Soltando la tensión
Cuando perdonamos, soltando la tensión de la defensa, y el ver al otro como al enemigo, solemos tener sentimientos de paz, amor, apertura del corazón, alivio, expansión, confianza, libertad, alegría y la sensación de estar haciendo lo correcto.
Este tema tiene mucho más que analizar. Por ejemplo, discernir bien lo que es y no es perdonar y lo que supone o no el hacerlo. Podemos estar dispuestos a perdonar a alguien que nos agrede o agredió, pero esto ni por asomo quiere decir que permitamos que vuelva a agredirnos ni las conductas que alimentan dicha agresión.
En un tono más suave y por poner un ejemplo, podemos perdonar a un amigo porque desveló una intimidad que le revelamos, pero a la vez decidir no volverle a confiar nuestros secretos.
Las vacaciones ponen ante nosotros multitud de ocasiones para practicar lo dicho. Podemos leer y saborear los libros que aquí se mencionan, y decidir trabajarlos en el día a día. La convivencia durante más horas de lo habitual con la pareja, los hijos, la familia que comparte días con nosotros, amigos, y ciudadanos en general, nos mostrarán en cuantas ocasiones, las percepciones, deseos, expectativas nuestras y de los otros, tendrán que llegar a un acuerdo. De nada vale plantearse si debemos ser los primeros en practicar el perdón, pues debe ser el primero el que tiene capacidad de hacerlo, lo cual pone en evidencia nuestro auténtico poder. Éste no es dominar sobre el otro, o llevar la razón, sino el ir adquiriendo la sabiduría, la templanza y la inteligencia tan traída y llevada “emocional” como para ser capaces de modificar nuestras percepciones abriéndonos a las de los que nos rodean. Acaso no eso lo que planteaba el filósofo Eric Fromm, en su clásico libro ‘El arte de amar’?
Independientemente de cual sea nuestra historia, única y especial, el perdón contiene la promesa de que encontraremos la paz que deseamos, la liberación del poder que ejercen sobre nosotros las actitudes y los actos de otras personas.

Bibliografía:
'El perdón' de Francesc Torralba


'Perdonar, una decisión valiente que nos traerá la paz interior' de Robin Casargiana 





sábado, 19 de agosto de 2017

CON OTRAS GAFAS / Proteger a los civiles atrapados en las guerras





Hoy 19 de agosto se celebra el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria. La ONU rinde tributo a los trabajadores que arriesgan sus vidas llevando ayuda humanitaria a otros, así como apoyar a las personas afectadas por las crisis en todo el mundo.
António Guterres, Secretario General de la ONU, ha explicado que "ponemos el foco en los millones de civiles en
todo el mundo cuyas vidas han quedado atrapadas en un conflicto. Rendimos homenaje a los valientes trabajadores humanitarios y sanitarios que enfrentan ataques u obstáculos cuando se dirigen a prestar ayuda a las personas necesitadas, y a los funcionarios gubernamentales, los miembros de la sociedad civil y los representantes de organismos y organizaciones internacionales que arriesgan su vida para proporcionar asistencia humanitaria y protección".

La población civil no es objetivo

Los conflictos armados se cobran la vida de miles de personas en todo el mundo. Atrapados en guerras que no han causado, millones de civiles se ven obligados a esconderse o huir para salvar sus vidas. Los niños dejan la escuela, las familias abandonan sus hogares, sus empleos o sus negocios y las comunidades se despedazan, mientras el mundo no hace lo suficiente para detener ese sufrimiento. Los trabajadores sanitarios y humanitarios, que ponen sus vidas en peligro para atender a las víctimas de la violencia, se convierten cada vez más en objetivo de los ataques.  Los voluntarios de Médicos sin Fronteras han sido víctimas o testigos directos de los bombardeos de grandes potencias mundiales sobre centros sanitarios. EE.UU bombardeó un hospital en Afganistán en 2015 causando 42 muertos y Arabia Saudí atacó hasta cuatro instalaciones hospitalarias durante el año 2016, según denunció la ONG. En uno de esos ataques murieron 23 personas.
Con motivo de la celebración de este día mundial, las organizaciones humanitarias se reúnen para reiterar una vez más que la población civil atrapada en un conflicto nunca debe ser objetivo de los ataques. A través de una campaña mundial en líneaque incluye una colaboración especial con Facebook en Directo, y de actos celebrados en todo el mundo, alzan sus voces para defender a los más vulnerables en las zonas en guerra, y piden a los líderes mundiales que hagan todo lo posible para proteger a los civiles.
La campaña sirve de continuación al Informe del Secretario General sobre la Protección de Civilespublicado en 2016, en el que planteó su camino para la protección, pide que se respeten el derecho internacional humanitario y los derechos humanos, así como la protección de los civiles, incluidos los trabajadores humanitarios y sanitarios, y las obras públicas. Todo un reto para la comunidad internacional en un mundo complejo y violento en el que los más débiles están siendo las víctimas de los poderosos.

 

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jueves, 17 de agosto de 2017

Un mundo hostil de muros y barrreras




El número de abril-junio de 2017 de la revista 'A vivir' del Teléfono de la Esperanza aborda una cuestión de permanente actualidad en el mundo de hoy, la instalación de muros y gandes vallados fronterizos en diversos puntos del planeta para impedir el acceso a los países de personas que huyen de las guerras, conflictos, hambrunas y de la pobreza. Esta presencia creciente de las barreras físicas se produce en un momento en el que se registra el mayor número de personas refugiadas desde la Segunda Guerra Mundial, 65 millones de seres humanos, según la agencia ACNUR.
Nuesta revista, que siempre aborda los temas con gran profundidad y dando voz a expertos en las diferentes materias, incluye, entre otros, los artículos "Más de 70 muros nos separan", de Herminio Otero, "Educar para el universalismo", de José Luis Rozalén y "Cómo derribar nuestras barreras" de María Guerrero Escusa.
Además, en este último número de 'A vivir', Mari Ángeles Plaza Crespo, de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), recuerda en una entrevista que España no está cumpliendo con el cupo de acogida de algo más de 17.000 personas refugiadas con el que se comprometió en 2015. 


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Revista 'A vivir' abril-junio 2017

martes, 15 de agosto de 2017

El perdón. Ofendido y ofensor (1)





Esperanza Muñoz

Coordinadora del programa 'Entre amigos' del Teléfono de la Esperanza



“Dime como reaccionas ante las ofensas que recibes, y te diré quién eres”, dice Francesc Torralba en su pequeño libro: 'El Perdón'. Desde luego, en nuestra vida cotidiana tenemos muchísimas oportunidades de practicar esta disposición humana, que va en relación directa con la madurez y capacidad de amar de la persona.
“El perdón, no es el fruto de una casualidad. Es un acto humano, expresión de la más profunda libertad, una manifestación de la creatividad. No acontece de una manera instintiva o mecánica. Es consecuencia de un esfuerzo, de un acto deliberado y porfiado de la voluntad que ha sido capaz de superar el orgullo herido”.
Podemos reflexionar sobre nuestra disposición, y sobre las oportunidades que este tiempo estival nos ofrece para ponerlo en práctica.
Hay que decir que situaciones, ofensas, heridas muy graves, han de ser tratadas de forma que puedan salir de nuestro inconsciente. La rabia y la ira que originaron acciones pasadas y como las percibimos, fueron quizás reprimidas, sin que le hayamos prestado la atención necesaria para que puedan curar y sentirnos liberados de ellas. En este caso, lo mejor es hacer este trabajo acompañados por alguien (un profesional o amigos) que nos ayude a encauzarlo adecuadamente.

Los componentes de la ofensa
El principal motivo para perdonar, es liberarnos de los efectos debilitadores de la rabia y el rencor crónicos. Emociones muy fuertes, que desgastan nuestra energía de muchas maneras. Esta rabia y rencor, son en realidad sentimientos superficiales que tapan otros más profundos, y que tantas veces, nos negamos a ver: el deseo de ser reconocidos, amados, mirados, valorados.
Pero analicemos cuáles son los componentes de la ofensa.
La ofensa: es el agravio, el objeto que ha desencadenado nuestro malestar, la piedra que sentimos que el otro lanza contra nosotros. O la ausencia de una acción que esperábamos (por omisión).
No existen barómetros o sistemas objetivos que puedan medir la herida que la ofensa causa en el interior de una persona. Algunas se olvidan fácilmente, pero otras quedan enquistadas en el universo mental, como un veneno que lo contamina todo. Una ofensa mal asumida, puede aflorar en cualquier momento.
Pero podríamos preguntarnos: ¿la misma ofensa dirigida hacia una persona u otra, provoca la misma reacción? Es obvio que no. Por tanto, podríamos decir con Francesc Torralba: “La ofensa está íntimamente ligada a la epidermis, la sensibilidad moral individual”.

El ofendido
Es una persona que ha tenido una historia, unas experiencias, muchas de ellas satisfactorias, otras muchas desagradables. Al vivir estas experiencias, ha asumido una serie de aprendizajes, de ideas sobre sí mismo y sobre el mundo que le rodea y su interpretación. En la medida en que vivamos al mundo y a los seres con los que nos relacionamos, como hostiles, como que quieren arrebatarnos algo que poseemos, y por tanto tengamos la necesidad de defendernos al vernos amenazados, así reaccionaremos ante la auténtica o supuesta ofensa.
“Una persona madura, es aquella que es capaz de integrar las ofensas con una determinada flexibilidad; esforzándose al máximo para que le afecten lo menos posible”
De ahí la famosa frase: “No ofende quien quiere, sino quien puede”
“El hombre más libre es aquel que sabe liberarse de las ofensas y vivir relajadamente su relación con los demás. Esta libertad exige una independencia interior, y una distancia crítica hacia el mundo”.
Es decir, no podemos vivir dependientes de las expectativas que nos hacemos sobre lo que “deben” darnos los amigos, la pareja, los hijos, los padres… De esta forma, nos ofenderemos fácilmente al no obtenerlos. Si, por el contrario no esperamos nada de los otros y lo que recibamos, lo aceptamos como un regalo, nuestra satisfacción será mayor.
Para poder hacer esto, tendremos que trabajar en varios sentidos:
Reconocer nuestras propias necesidades. Previamente, estaría bien que depuráramos si son tales necesidades o responden a impulsos no meditados para tapar vacíos que tenemos sin elaborar.
Pararse a observarlas y sin juzgarlas, comprender que son eso: “nuestras”, y por tanto para que el otro pueda (si quiere) satisfacerlas, tendrá que conocerlas. Lo contrario supondría (ingenuamente) que adivinen lo que queremos o pero aún que creemos que los que nosotros necesitamos, es también exactamente lo que el otro necesita.
Esto exige una buena comunicación por nuestra parte.
“Para conocer bien a una persona, hay que observar la manera con que encaja las ofensas que ha sufrido y como las depura en su vida social”.

El ofensor
Digamos que es posible vivir sin ofender, si se tiene mucha sensibilidad, atención en el trato y respeto hacia los demás. Claro que el que esta persona exquisita no ofenda, puede no depender de ella, sino de la hipersensibilidad del ofendido, que según su grado de madurez y seguridad puede interpretar de cualquier forma el mensaje recibido.
Si el ofensor no tuvo intención de ofender, todo podría aclararse con una simple conversación. Pero esto no siempre es posible. El pudor, a veces una falsa humildad, o un hiper-yo, hacen imposible cualquier aclaración, sino que se da por supuesta la mal intención sin oportunidad de réplica. En este caso el ofensor, no sufre en absoluto o sí, si es sensible al malestar del otro. Pero desde luego quien se lleva la peor parte, es el ofendido, que sin causa aparente tiene su desazón interior.

Actitud del ofensor para obtener la reconciliación
Ante una ofensa, el ofensor puede experimentar vivencias desazonadoras vinculadas al dolor, el remordimiento, la pena, la culpa. Pero el perdón genuino no se otorga por estas razones, sino al adquirir conciencia del sufrimiento del ofendido, es decir, se haga consciente del mal que ha causado. Esta conciencia está alimentada con la prudencia y la humildad y lleva a una acción doble:
Confesión ante uno mismo y con la persona agredida. Esto conlleva la voluntad de asumir las consecuencias según la vivencia del otro y el respeto a su veredicto, es decir, a su voluntad de aceptar en ese momento, la disculpa, o no.
Esta confesión, no es una mera información, sino un mensaje verbal, que tiene la intención de devolver su dignidad a la persona a quien se ha pisoteado. Aunque realmente la pérdida de dignidad depende del receptor (no lo llamo ahora ofendido), cuya dignidad no podrá arrebatarle nadie, si él/ella así lo estima.
Con la petición de perdón, se completa finalmente la confesión. Ante una petición de perdón sincera, al ofendido se le presentan dos opciones vitales:
Otorgar el perdón, o no concederlo.
Al conceder el perdón, se puede caer en 2 errores:
Apresurarse sin dar importancia a sus propias emociones y sentimientos, y por tanto sin respetarse a sí mismo/a, esto provocará que la herida pueda abrirse de nuevo en otro momento. El proceso del perdón, tiene su tiempo, según la magnitud de la ofensa.
Caer en la mezquindad de querer que el otro se humille una y otra vez, a la espera de ser perdonado cuando su voluntad decida. Nada más lejos de la lógica del perdón, que es fruto maduro de un alma sensible y generosa.

Bibliografía:

'El perdón' de Francesc Torralba

'Perdonar, una decisión valiente que nos traerá la paz interior' de Robin Casargiana 


El próximo martes 22 de agosto, publicaremos la segunda parte de esta reflexión sobre el perdón con el título 'El perdón. Consecuencias de la ofensa en la relación'.

sábado, 12 de agosto de 2017

CON OTRAS GAFAS / Calidad de vida para los discapacitados



Un grupo de participantes en el proyecto. Foto: https://aspace.org/noticia

"Formar parte de este proyecto ha sido para mi un sueño". Quien así se expresa es Sandra, una de las 1.260 personas con parálisis cerebral que han participado en ASPACEnet2016, un programa de actividades para promover la autonomía personal y la mejora de la calidad de vida de estos discapacitados. Sandra se integró en el equipo que creó desde cero uno de los canales de radio, una iniciativa que ya desde 2015 impulsaba la entidad malagueña AMAPPCE con su Enredad2. 
Otras de las muchas actividades desarrolladas han sido la creación de un canal de video para cuentos adaptados, guías turísticas, unidades escolares y recetas adaptadas. Esta última, denominada ASPACEchef tuvo una gran acogida y participación de discapacitados y familiares, que elaboraron 132 recetas.
Durante el programa ASPACEnet2016, los participantes han aprendido a utilizar aplicaciones adaptadas a sus necesidades y dispositivos tecnológicos como tablets o cámaras Go Pro, entre otros. Además, se han relacionado con compañeros de otras asociaciones y ciudades a través de videoconferencias en las que mostraban sus trabajos, intercambiaban experiencias y conocían a otras personas.
ASPACE se viene celebrando desde el año 2011 y es una feliz iniciativa que está dando conocimientos, habilidades y autonomía personal a los afectados por parálisis cerebral gracias al impulso de Vodafone y ASPACE, una confederación que agrupa a 80 entidades y 18.000 asociados que habitualmente acuden a 230 centros de atención directa distribuidos por toda España.


Leer más: 

1.260 personas con parálisis cerebral desarrollan su creatividad gracias a las proyectos de innovación social de #ASPACEnet


martes, 8 de agosto de 2017

Inteligencia Emocional-Inteligencia Espiritual





Carlos López
Voluntario del Teléfono de la Esperanza 

Antonio Damasio en su libro “En busca de Spinoza” plantea la siguiente pregunta: ¿Acaso saber la manera en que las emociones y los sentimientos funcionan es importante para la forma en que vivimos? Daniel Goleman considera que la inteligencia emocional representa el 80 por ciento del éxito en la vida.
El término inteligencia emocional explican los expertos, es potenciar el crecimiento integral de la persona en cinco ámbitos: identidad, emociones, cuerpo, mente y vida social. Hoy en día, la neurociencia o la psiconeuroinmunobiología están demostrando, por ejemplo, que una adecuada educación emocional puede ayudarnos a alcanzar nuestras metas personales o que una mala educación emocional nos acarrea diversos problemas físicos que pueden desembocar en una enfermedad. Cualquier decisión que tomamos en nuestra vida tiene un componente emocional determinante. Por eso, no podemos dejar la educación de nuestras emociones a un lado. Las emociones, a fin de cuentas, pueden ser nuestro lastre o nuestro revulsivo.
El sociólogo Zygmunt Bauman nos habla en su libro “Vida líquida” que nuestra manera habitual de vivir, se caracteriza por no mantener ningún rumbo determinado, puesto que se halla inscrita en una sociedad que, en cuanto líquida, no mantiene por mucho tiempo una misma forma. Así, dada la velocidad de los cambios, la vida consiste hoy en una serie de nuevos comienzos pero también de incesantes finales. Lo que define nuestras vidas, es la precariedad y la incertidumbre constante. Hoy en día, las personas estamos expuestos a mayores influencias que hace unas décadas: WhatsApp, las redes sociales, las comunicaciones… Hoy más que nunca todo parece más inestable, más pasajero; todo cambia en cuestión de un clic. A diferencia de otras revoluciones tecnológicas, la de la “tecnología social” implica nunca estar solos y nunca estar aburridos. La socióloga Sherry Turkle del MIT describe esto como “la intolerancia a la soledad”. Esto implica estar desatentos a las personas que tenemos alrededor para conectarnos con el mundo virtual. Cabe preguntarnos ¿Cómo hacer frente a un mundo en cambio, que al tiempo es cada vez más exigente?   
Según Victor Frankl  “cada época tiene sus neurosis y cada tiempo necesita su psicoterapia. En realidad hoy no nos enfrentamos ya, como en los tiempos de Freud con una frustración sexual, sino con una frustración existencial. El paciente típico de nuestros días no sufre tanto, como en los tiempos de Adler, bajo un complejo de inferioridad, sino bajo un abismal complejo de falta de sentido, acompañado de un sentimiento de vacío, razón por la que me inclino a hablar de un vacío existencial”.
Hace más de un siglo Nietzsche en el libro “Así hablo Zaratustra” lanzó un grito de advertencia del nihilismo: “El desierto está creciendo. Desventurado el que alberga desiertos. Nietzsche se refiere no al  desierto de la tierra que lamentablemente es ya una realidad, sino lo que avanza es el desierto del espíritu, el empobrecimiento progresivo de la vida humana, de la aridez de las relaciones humanas. Nuestra época con sus prisas está produciendo una sociedad muy despojada de toda transcendencia, como dice Gastón Soublette  “el hombre no  tiene tiempo de ser humano”. Hemos querido facilitar la vida con la tecnología, sin embargo hemos terminado siendo esclavos del tiempo y de la tecnología.  
Las personas hemos perdido ese viejo horizonte sagrado en el que se veía al mundo como un bien común del que nadie debía estar desterrado.
Quizás la solución sea volver a conectar con uno mismo como señala el psicólogo Ken Wilber, no podemos olvidar que todas las escuelas de psicología profunda afirman que los desórdenes mentales consisten en la desconexión de los propios estados internos o como sugiere el psicólogo James Hillman en su libro “Hemos de recuperar el alma”. Es interesante tener en cuenta la raíz etimológica de las palabras psiquiatría y psicología, ambas provienen del griego  “psyche” que es alma, la esencia intangible de la vida. Sin embargo ambas ciencias se han movido en torno a una polaridad básica: cerebro símbolo de lo medible y objetivo, y mente, símbolo de lo introspectivo y lo subjetivo. Mercedes Nasarre (psiquiatra) en el libro “Mindfulness y Cristianismo” dice:hoy día todo debe ser explicado a la luz de la ciencia y de la razón. Hoy sabemos por la neurociencia que no  hay un “Yo” que esté ahí, sino que todo es una historia que el cerebro crea. Somos muchas cosas, información genética, una historia familiar, una cultura, una biografía, unas creencias y un cerebro que graba y se cuenta lo que vive”.
El Profesor Abraham Maslow en su famosa ‘Pirámide de las necesidades humanas’, expuesta en su libro Una teoría sobre la motivación humana” (1943), colocó el término “autorrealización” en la cúspide. La autorrealización, para este autor, es un estado espiritual en el que el individuo emana creatividad, es feliz, tolerante, tiene un propósito y una misión de ayudar a los demás a alcanzar ese estado de sabiduría. Es a través de su satisfacción que se encuentra una justificación o un sentido válido a la vida, mediante el desarrollo potencial de una actividad. Fue un precursor de lo que ahora denominamos inteligencia espiritual.




Los Dres. Danah Zohar e Ian Marshall vinculan el concepto de “espiritualidad” con el de “inteligencia”. Una de las formas en que definen a la Inteligencia Espiritual es como aquella “…inteligencia con la que afrontamos y resolvemos problemas de significados y valores, la inteligencia con que podemos poner nuestros actos y nuestras vidas en un contexto más amplio, más rico y significativo”.
Ahora bien, cuando la realidad sólo es válida si funciona como espectáculo, si se puede fotografiar o si se puede grabar,  cada vez es más necesario el retorno a un mundo de calidez, de generosidad y de gratuidad. Ante los halagos del hombre moderno a la realidad virtual, San Juan de la Cruz nos propone el Estado de Presencia en  los versos “Poemas del alma”:

Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.



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