lunes, 22 de marzo de 2010

Dolor en el Teléfono de la Esperanza por la muerte de una voluntaria en Huelva a manos de su ex pareja

Todos los que formamos la gran familia del Teléfono de la Esperanza nos sentimos tristes y vivimos de cerca el dolor por la cruel muerte de Julia Madruga Benítez, voluntaria en el Teléfono de la Esperanza de Huelva que fue acuchillada presuntamente por su ex marido el viernes pasado.


El suceso ocurrió en el hospital 'Blanca Paloma' cuando Julia acudió a visitar a su madre enferma. Tenía 56 años y se había separado hace 10 años, aunque hace cinco años volvió a vivir con él "por pena" hasta hace un año y actualmente tenía una nueva pareja, según han contado familiares de la víctima al diario Estrella Digital. La fallecida no consiguió testigos de las amenazas de muerte que sufría, de forma que el proceso judicial que seguía contra el presunto agresor quedó sobreseído.
Desgraciadamente, la muerte de Julia había sido anunciada y con demasiado tiempo de antelación para que no hubiera una reacción colectiva en su entorno, en las personas que desde agosto pasado presenciaron las amenazas de muerte de su verdugo. Como resalta nuestro compañero Fernando Alberca, en la web del teléfono, el asesinato de Julia se ha producido tras la inacción de todos esos testigos que no supieron o quisieron dar un paso adelante para apoyar a los mecanismos legales de que dispone la sociedad. Fernando va más allá porque asocia éste crimen al ambiente de individualismo del mundo de hoy, pero salva a Julia de esa tendencia negativa y egoísta que saca lo peor de cada ser humano. Julia era diferente, aprendió a ayudar y se volcó en la ayuda a los demás. Fue una persona solidaria.
También María López, presidenta del Teléfono de la Esperanza en Huelva, ha indicado que "era alguien absolutamente luminosa y positiva, alegre y capaz de transmitir y ayudar todo lo que ha transmitido y ayudado, amiga de sus amigos, compañera", a la vez que ha lamentado que "tenía miedo porque su ex marido ya la había agredido".
En éstos momentos de perplejidad, tristeza y dolor, Jesús Madrid, presidente de la Asociación Internacional del Teléfono de la Esperanza, quiere transmitir el siguiente mensaje:


Hola compañeros y compañeras.


Os escribo este correo desde la perplejidad y, sobre todo, desde la profunda
tristeza por la trágica y fatídica noticia del asesinato, a manos de su ex
cónyuge, de nuestra compañera del Teléfono de la Esperanza de Huelva Julia
Madruga Benítez.

Este luctuoso hecho, que se produjo el pasado viernes día 19, nos llena de
dolor y de indignación a todos los que formamos parte de la familia del
Teléfono de la Esperanza y, desde aquí, nos unimos a nuestros compañeros y
compañeras de Huelva, que se encuentran consternados por la pérdida de una
mujer vitalista, humana y sensible.

Deseamos que la muerte de Julia, que desgraciadamente pasa a engrosar la
lista de víctimas de violencia familiar, no haya sido en vano y su aliento y
vitalidad nos siga impregnando a diario de esperanza.

Jesús Madrid


Foto: Estrella Digital

2 comentarios:

Antonio dijo...

Que su muerte nos enseñe a no transigir con la violencia. A poner los medios y las palabras necesarias para concienciar a toda la sociedad y, especialmente, a las víctimas potenciales de los violentos, del peligro real que anuncian sus actos amenazantes, por muy nimios que puedan parecernos.
Descanse en paz.

Antonio

Anónimo dijo...

¿JULITA?
Me levanto y pongo la radio. La primera noticia, desgraciadamente, otro caso más de violencia de género. Esta vez en Huelva. ¿Otra? ¿Hasta cuándo? me pregunto. A media mañana, recibo la llamada de un familiar, que me hiela la sangre. ¿Julia? Pero… vamos a ver ¿JULITA? No, no puede ser. ¿Cómo va a ser? Busco rápido una tele y no tengo que esperar mucho. Allí en la pantalla, aparecen a las puertas de un tanatorio, mi amigo Fernando, Lala, Felipe. Si, ha sido ella. Mi amiga de la infancia, mi amiga Julita. Me quedo como flotando y me viene a la mente la imagen que guardo de ella, de las últimas veces que la vi. Sus 15 años, su personal estilo y elegancia y sobre todo, su inmensa bondad. No volví a verla, a pesar de que preguntábamos y nos contaban cosas. La vida nos zarandea con fuerza y cada uno termina en un lugar y en una circunstancia determinada. Recuerdo ahora muchas escenas. Las veces que su padre (buena persona, esplendido y exquisito como él solo) nos subía en su cochazo y nos llevaba a todos a merendar a la mejor cafetería de Huelva. Los estudios. La playa. De pronto, en mi cabeza, comienzan a sonar canciones que no pensaba recordar: “Venecia sin ti” “Noches de Blanco Satén” “La casa del Sol Naciente”….Las canciones de nuestros primeros bailes de pandilla y reuniones. Nuestras canciones. Nuestro tiempo. Adolescencia feliz. Y todos fuimos testigos de su inmenso amor por él. Se enfrentó a todo y a todos, por él. ¿Quién iba a pensar que él..? ¿Cómo pueden pasar, estas cosas tan horribles? Julita, amiga del alma, por edad, ya no tardaremos tantos años en volver a vernos, pero aquí seguiremos queriéndote siempre y la presencia de tu ausencia, siempre nos acompañará. Hasta siempre.
Rafael Bueno Redondo. Córdoba.