sábado, 27 de abril de 2013

3 claves para afrontar a los manipuladores




Foto: Teoría de la Comunicación en la UMA



Antonio Badillo
Psicólogo del Teléfono de la Esperanza

La manipulación consiste en las estrategias que una persona, el manipulador, lleva a cabo para conseguir que otra persona, el manipulado, colabore en la consecución de metas importantes para el manipulador, aunque esa colaboración no se produzca con el consentimiento del manipulado,  vaya en contra de sus intereses o incluso atente contra alguno de sus derechos personales básicos. Es un proceso que puede comenzar con una comunicación motivadora bastante sutil para avanzar hacia conductas más agresivas y explícitas.
Para conseguir sus fines, el manipulador pone en práctica dos estrategias principalmente:

La amenaza y el enfado, para intimidar al manipulado y que ceda a las pretensiones del manipulador bajo las presiones del miedo.

La crítica y la asunción del papel de falsa víctima, sometiendo al manipulado a chantajes emocionales que le hagan sentir culpable.

La mayoría de personas que actúan de forma manipuladora en sus relaciones íntimas no tienen problemas psicopatológicos de gravedad, sus dificultades consisten principalmente en una gran inseguridad y la falta de un concepto equilibrado del Yo. Suelen tener además carencias afectivas, falta de habilidades para relacionarse de manera asertiva con los demás y una autoestima muy baja.
La manipulación no se produciría si además del manipulador no existiera la figura del manipulado. Algunas personas muy sensibles a las necesidades de sus seres queridos son manipuladas y ni siquiera son conscientes de que lo están siendo; otras creen que sólo es cuestión de tiempo que su manipulador cambie, que está pasando por un mal momento o que necesita madurar, y que cuando la rana se convierta en príncipe (o princesa) ellos estarán allí para recoger los frutos de su espera. Por último, otros manipulados piensan que son ellos los únicos que pueden hacer cambiar a su manipulador y se toman como un reto personal el conseguirlo.
Cuando una relación se estabiliza en torno a la manipulación, es porque ambas partes obtienen alguna ganancia: el manipulador obtiene que sus necesidades se vean satisfechas, y el manipulado básicamente obtiene la compensación de su baja autoestima y el evitarse afrontar áreas de su personalidad y de su vida que le producen dolor y sufrimiento.

Para las personas manipuladas, salir de esta situación requiere un proceso de tres pasos:
  • Cambiar la forma de pensar con respecto a las áreas en las que existe conflicto, como el miedo a cometer errores, la dependencia emocional, la baja autoestima, la alta autoexigencia o la baja tolerancia a la frustración.
  • Cambiar la forma de actuar frente al manipulador. Detrás de la manipulación subyace muchas veces el miedo del manipulado a plantar cara, por temor a las consecuencias que esto podría tener para él. Muchas de las veces que cede “porque sí” o que aplica el principio de “quien calla otorga” está actuando en realidad por miedo a perder esa relación o a defraudar al ser querido.  Esta forma de actuar es muy parecida a la de la sumisión, y con ella se afirma la autoestima del manipulador a costa de la del manipulado. Es necesario que este último deje de evitar las situaciones temidas y haga una defensa activa de sus derechos.
  • Cambiar la forma de reaccionar frente a las propias emociones. Pensar con claridad cuando se está frente a alguien que grita o chantajea emocionalmente no es fácil. Además los manipuladores suelen crear un contexto en el que la activación emocional que se produce en estas circunstancias sea interpretada de la forma que más conviene a sus intereses. Es de ayuda no interpretar estas reacciones emocionales displacenteras en términos de amenaza o alarma, para poder después reducir el nivel de activación emocional sin necesidad de ceder.

Para las personas manipuladas, escapar de la telaraña de la negación y la resignación supone avanzar hacia el horizonte de unas relaciones más auténticas, honestas y donde exista la verdadera reciprocidad y el afecto sincero.

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